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03/23/11 - Cubadebate (Habana)  - Diario de El Paso: El tango de Posada

Por José Pertierra

Marzo 22, 2011. El Paso, TX.- Una cosa es defender vigorosamente al cliente,
y otra es convertirse en él. Es decir, el abogado debe tratar siempre de
mantener cierta distancia emocional del asunto que defiende.

Aquí en El Paso la causa política de Posada Carriles parece ser la de su
abogado, y eso ha sido un punto de debilidad del litigante. Muchas veces
durante este proceso, debido a su falta de distanciamiento crítico, el
abogado ha hecho el papelazo, haciendo preguntas tan tontas de Cuba que
revelan no solo ignorancia, sino prejuicio.

Le ha pasado esto precisamente por asumir, sin investigar antes, falsas
premisas sobre Cuba. Ha tomado por ciertas las fábulas de algunos exiliados
de Miami que no han pisado suelo cubano en más de cinco décadas.

EL ARTE DEL CONTRA-INTERROGATORIO
El que manda durante el contra-interrogatorio es el abogado defensor, pero
no debe abusar o calumniar. El secreto es poder tejerle al jurado, solamente
a través de sus preguntas, un cuento atractivo y diferente del que presenta
el testigo. Un cuento que pueda gustarle al jurado.

Pero si es evidente que el abogado ha estado intimidando al testigo con
tácticas abusivas e irrespetuosas, el tiro le sale por la culata. También si
las preguntas que hace el abogado defensor vienen preñadas de dudosa
información y prejuicios apasionados, el testigo fácilmente las desmantela y
desnuda al abogado ante el jurado.

Muchas de las preguntas que le hizo hoy el abogado defensor Arturo Hernández
a Ann Louise Bardach pusieron más en evidencia las opiniones del abogado que
del testigo.

COMENZÓ EL ATAQUE
Hernández llegó esta mañana que un oscuro traje gris, camisa blanca y
corbata morada. Con ceño fruncido y las ojeras rojas, se ajustó los
espejuelos en la punta de la nariz y atacó.

“Habiendo establecido, Bardach, que has estado en Cuba diez veces y que has
entrevistado a Fidel Castro en dos ocasiones, ¿no es cierto que solamente la
gente a quien le tiene confianza logran entrevistar a El Comandante”,
preguntó sarcásticamente Hernández.

Con esa pregunta, el mano a mano que había comenzado ayer entre el abogado
de Miami y la periodista de California, cogió candela. “Eso no es verdad,”,
respondió Bardach. “¿No es cierto que solamente los periodistas favorecidos
por el régimen reciben el privilegio de entrevistar al Comandante?”

Molesta con el cinismo de la pregunta del abogado defensor, Bardach elevó el
tono de su voz y dijo: “Eso no es cierto, Señor Hernández. Los
corresponsales María Shriver, Ted Koppel, Tom Brokaw y Peter Jennings lo han
entrevistado también. ¿Usted cree que todos ellos son agentes de la
Revolución cubana?”.

Estos son cuatro de los más respetados periodistas del establishment
mediático estadounidense. El abogado Hernández entonces le mostró una
fotografía a la testigo para que ella la identificara. “Es una fotografía
que me muestra a mi con Fidel Castro”, dijo Bardach.

“¿Usted está cerca de El Comandante en esa fotografía?”, preguntó Hernández
—enfatizando burlonamente el título de “El Comandante”. Sin saber aún a
donde iba Hernández con esa línea de preguntas, Bardach le respondió que sí
y se encogió los hombros.

“¿Esa es una pluma en su mano?”, interrogó el abogado defensor. Sin esperar
la respuesta a su pregunta, Hernández le lanzó otra: “¿No es cierto que no
se les permite que los periodistas que entrevistan a Fidel Castro tengan
plumas en la mano?” “Jamás he escuchado algo semejante”, respondió Bardach.

“¿No es cierto que los periodistas tienen prohibido sentarse tan de cerca a
Fidel Castro?”, indagó el abogado de miamense. Incrédula ante tanta
tontería, Bardach respondió, “No, eso no es cierto”.

ME SIENTO CALUMNIADA
“¿Pero no es cierto que usted tiene un historial de escribir artículos
críticos de la comunidad cubanoamericana de Miami?”, interrogó Hernández.

Bardach, quien ha ganado múltiples premios y reconocimientos por la
excelencia de su obra periodística —incluyendo del Miami Herald— reaccionó
furiosa. “Eso no es verdad, Señor, y usted lo sabe”, regañó Bardach. “Yo
trato de reportar sin demonizar a nadie en mis artículos. Me siento
calumniada aquí”.

Hernández entonces le preguntó varias veces lo mismo a Bardach: por qué no
había entrevistado o escrito anteriormente sobre los disidentes en
Cuba. Bardach en vano le trató de explicar al abogado miamense que ha
hablado con disidentes en Cuba, e incluso ha pasado mucho tiempo con el
General Patricio de la Guardia, el hermano gemelo del Coronel Tony de la
Guardia, quien fue ejecutado junto al General Arnaldo Ochoa en 1989 en Cuba
por traición a la patria y tráfico de drogas. Patricio de la Guardia recibió
una sentencia de 30 años de prisión. Está ahora cumpliéndola en arresto
domiciliario.

“¿Usted se refiere a Patricio de la Guardia que es el asesino asalariado de
Fidel Castro?”, preguntó Hernández, mirando hacia al jurado. “Jamás he
escuchado eso”, dijo Bardach. “Mire, Señor Hernández, ¿sabe usted que la
hermana de Mister Posada es  coronel en el ejército de Cuba? Vamos a no
criminalizar a todos los que viven Cuba”, respondió ya muy irritada Bardach.

Hernández se destaca por su persistencia en hacer variantes de la misma
pregunta durante el contra-interrogatorio, y entonces repitió: “¿Usted
piensa que no ha escrito críticamente sobre la comunidad cubanoamericana?”

“Fíjese Señor Hernández”, le contestó Bardach. “La verdad es que hay gente
en esa comunidad que han violado la ley”. Destacó el caso de David Rivera,
un congresista cubanoamericano de Miami que está bajo investigación por
anomalías financieras, y también el de Jorge Más Canosa, vinculado a lo que
ella llamó “aquel funny business con el condado de Miami. Toda una comunidad
no queda manchada simplemente por los errores de ciertos individuos”,
declaró Bardach.

HERNANDEZ: “¿TE ESTAS BURLANDO DE MI?”
La pelota de ping-pong del contra-interrogatorio de Art Jernandes entonces
regresó otra vez a Cuba. “Los Comités de la Defensa de la Revolución (CDR)
son instrumentos que ha utilizado el Régimen de Castro para mantener el
control del país, ¿no es cierto?”, preguntó el abogado.

“También distribuyen alimentos y ayudan a los vecinos a resolver algunos
problemas cotidiano”, explicó ella y acto seguido contraatacó: “La noción
suya de que yo soy el perro en esta riña es una mentira, Señor Hernández”.

La vena en el cuello del abogado miamense se inflamó visiblemente y su cara
se puso roja de cólera: “¿Te estás burlando de mi?”, le dijo enfurecido. “50
años de exilio y usted me viene a decir a mi …?”

No llegó a terminar la pregunta. El fiscal Timothy J. Reardon se levantó y
planteó una queja ante la jueza Kathleen Cardone, que fue inmediatamente
apoyada por la jueza. “Move on”, le dijo. Cambia el tema.

EL TANGO DEL VACÍO
Las más de seis horas de grabaciones que hizo Bardach durante su entrevista
a Posada Carriles en junio de 1998 en Aruba tienen un inexplicable vacío de
cuatro minutos y 20 segundos, aparte de las casi cuatro horas que fueron
censuradas por la corte para que el jurado no las escuchara.

Antes de iniciar una serie de preguntas sobre qué pudiese haber causado el
vacío, Hernández le dijo a Bardach: “Quiero que escuche el vacío.” “Señor
Hernández, estoy confundida. ¿Usted quiere que yo escuche un vacío?”,
respondió perpleja la testigo.

Por más de cuatro largos minutos la jueza, los abogados, los fiscales, la
testigo, los interpretes, los alguaciles, los secretarios y asistentes de la
jueza, los integrantes del jurado, más los periodistas escucharon un vacío.
Un tango silencioso. “Una pausa dramática”, la llamó después el fiscal.

Al finalizar el silencio, Hernández hizo un gesto parecido a una cortada en
la yugular con el dedo y su colega Rhonda Anderson apagó la grabación. “Sra.
Bardach, ya que hemos escuchado los cuatro minutos y veinte segundos del
vacío, usted puede explicarnos qué puede haber causado eso.”

“No sé. Quizás alguien apretó el botón equivocado cuando hizo la
transcripción. Eso pasa a veces, pero si hubiera ocurrido algo importante
durante ese breve espacio estuviera apuntado en mis notas —y no hay ninguna
indicación de eso”, respondió Bardach.

“¿Usted borró esa parte de la grabación?”, le preguntó de forma acusatoria
el abogado Hernández. “Eso es absurdo. Yo recojo, no destruyo, información.
Soy periodista”, contestó Bardach.

EL TAMAÑO DE LA GRABADORA
El abogado defensor también acusó a Bardach de grabar la entrevista sin
haberle advertido a Posada Carriles. “Eso es casi risible. La grabadora
estuvo hasta en las piernas de Posada muchas veces. El mismo la apagaba,
cuando no le convenía que se grabara algo. Es enorme. Mide más de 6 pulgadas
de alto”, respondió la periodista, y abriendo la boca dijo: “duuuh.”

ART NO PUDO CON LA BARDACH
Arturo Hernández terminó el contra-interrogatorio de Bardach sin haber
impugnado su testimonio. Miró casi apenado a sus colegas y a su cliente, y
se sentó visiblemente desinflado. Tendrá una última oportunidad este
miércoles para tratar de impugnarla, pero hoy no pudo.

Bardach mostró ser una testigo difícil de torear, porque es una mujer
brillantemente excéntrica. Mientras más quiso el abogado defensor limitar
sus respuestas para insinuar mejor sus premeditados concpetos, más la
testigo le viraba la tortilla y le daba largas explicaciones que ponían las
cosas en su propio contexto.

Bardach desesperó a la jueza, a los fiscales y al abogado defensor. Pero los
integrantes del jurado la disfrutaron. Les dio una cátedra sobre el papel de
Posada Carriles en la cadena de bombas en La Habana en 1997 y también una
lección sobre la historia del terrorismo contra Cuba y el papel de la
Fundación Cubano Americana. Y además, la periodista es divertida.

Le jurado se acordará de los cuentos de Bardach y no de las preguntas de
Arturo Hernández.

EL TANGO Y LA CONFESION
El día terminó con la grabación de 1998 que nos trajo al tribunal federal en
El Paso la voz de Posada Carriles y el fondo de un trío musical en Aruba
entonando a Gardel con aquel tango que dice:

El día que me quieras
no habrá más que armonía.
Será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodía.
Y nos darán las fuentes
su canto de cristal.

El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida
no existirá el dolor.

Eso, mientras escuchábamos a Posada cantarle a Bardach otro tango. Uno que
dice que es el autor intelectual de las bombas en La Habana y el asesino de
Fabio Di Celmo en el Hotel Copacabana el 4 de septiembre de 1997:

Bardach: Usted es como el jefe.

Posada: Sí.

Bardach: El autor intelectual.

Posada: Compartimentalizado. Los conozco a todos, pero no me conocen a mí.
…

Bardach. Entonces me decías que tu intención era asustar a los turistas.

Posada: Sí

Bardach: No matarlos.

Posada: Claro.

Bardach: Pero uno murió, usted sabe.

Posada: Sí. Pero ¿sabe usted que pasó?

Bardach: No.

Posada: Sesenta pies de distancia. Había un pobre hombre en una silla.

Bardach: Sí.

Posada: Y pedazos pequeños…

Bardach. Esquirlas.

Posada: y… le cortó la yugular. Es el más fatal del mundo. No pasó nada,
pero le cortó la yugular. Triste, vaya. Es triste, porque no fue
intencional, pero no podemos parar porque umm, ese italiano estaba en el
momento equivocado en el lugar equivocado.

*José Pertierra es abogado. Representa al gobierno de Venezuela para la
extradición del terrorista Luis Posada Carriles. Tiene su bufete en
Washington DC.


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