Home
Home | Search | Login
Hoy April 20, 2014, 10:59 am Havana time.
Hide Menu
SEARCH NEWS
    Language:
01/05/14 - El País.com (España) - Carlos Manuel de Céspedes, alma de Cuba 

Mauricio Vicent

Llevaba sobre sus hombros con elegancia y naturalidad el mismo nombre y
apellido de su famoso tatarabuelo, Carlos Manuel de Céspedes, ilustre
hacendado bayamés que el 10 de octubre de 1868 concedió la libertad a los
esclavos en su plantación de La Demajagüa y los invitó a sumarse a la lucha
por la libertad de Cuba, dando inicio así a las guerras de Independencia en
su país, que tardaron 30 años en fructificar. Ser tataranieto del padre de
la Patria era para él un orgullo y sin duda marcó su vida, pero jamás
condicionó su sencillez, una de sus virtudes más queridas junto a la
tolerancia y la sabiduría. Sus amigos lo llamaban cariñosamente Monseñor,
si bien nunca fue nombrado obispo pese a ser una de las figuras más
destacadas y con más personalidad de la Iglesia católica cubana. Ensayista,
escritor, licenciado en Teología y miembro de número de la Academia Cubana
de la Lengua, al morir tenía 77 años y ostentaba la orden Isabel la
Católica.

Desde hacía años luchaba contra un cáncer y llevaba bastante bien la
batalla gracias a su gran ánimo, pero la causa de su fallecimiento fue un
"tromboembolismo" que le sorprendió en la parroquia de San Agustín, donde
ejerció el sacerdocio durante los últimos 20 años. Allí, las puertas de su
sencillo despacho siempre estaban abiertas a todo el que deseaba hablar con
él, pobres, acomodados de la burguesía roja, ateos, santeros, disidentes,
militantes comunistas y en muchas ocasiones una larga cola de periodistas
extranjeros y diplomáticos que lo perseguían en busca de claves para
entender la enrevesada realidad cubana, que él dominaba como pocos. Carlos
Manuel de Céspedes atendía a todos y tenía amigos en todos lados, y por su
vasta cultura e integridad era respetado tanto por el exilio de Miami como
en las oficinas del Comité Central.

Carlos Manuel era un hombre de diálogo y de consensos, un espíritu libre
que igual presentaba un libro sobre la divinidad afrocubana Chango de su
amiga antropóloga Natalia Bolívar -pese a que este tipo de tolerancia con
las religiones no hacía gracia a la jerarquía católica-, que mantenía la
interlocución con Fidel Castro en los momentos más tormentosos de las
relaciones Iglesia-Estado. Monseñor Céspedes era un personaje muy especial,
querido por Dulce María de Loynaz, Cintio Vitier, Lezama Lima o Fina García
Marruz, entre otros grandes nombres de "la cubanía", su gran pasión, que le
venía de familia pues las historias de Cuba y de Carlos Manuel estaban
llenas de vasos comunicantes; si su tatarabuelo fue Mayor General del
Ejército Libertador y primer presidente de la República en Armas, también
era nieto de dos presidentes de la República -Mario García Menocal y Carlos
Manuel de Céspedes-. A él nunca le interesó el camino de la política, sino
servir a Cuba de otro modo.

Nacido en La Habana el 16 de julio de 1936, en su infancia y adolescencia
estudió en colegios de los Hermanos Maristas y llegó a matricularse en la
carrera de Derecho en la Universidad de La Habana antes de decidirse por el
camino de la religión. Sus primeros estudios eclesiásticos los hizo en el
seminario habanero de El Buen Pastor, y en 1959 viajó a Roma para concluir
su formación en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la que obtuvo el
grado de licenciado en Teología en 1963, ordenándose como sacerdote el 23
de diciembre de 1961. A su regreso a La Habana fue vicerrector del
Seminario El Buen Pastor, y rector del Seminario de San Carlos y San
Ambrosio entre 1966 y 1970. Desde julio de 1970 y hasta 1991 fue director
del Secretariado General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. En
el momento de su fallecimiento se desempeñaba como vicario general de La
Habana y era miembro del consejo de redacción de la revista Palabra Nueva,
donde publicaba asiduamente ensayos y artículos de hondura singular. 

Su entrada a la Academia Cubana de la Lengua, en 2005, fue todo un
acontecimiento. Su discurso de ingreso lo dedicó al presbítero y filósofo
Félix Varela, diputado a las Cortes españolas de 1822, "uno de los
inventores de la nacionalidad cubana", del que Céspedes era un gran
experto. Sus palabras aquel día fueron una apasionada defensa de la
tolerancia y el sentido común, a través del ejemplo de un hombre de Iglesia
que supo conjugar su formación católica con la asimilación de las
corrientes filosóficas más avanzadas. Céspedes admiraba de Varela que
criticó duramente la España retrasada de la época "pero sin dejar de
quererla". Para él era de especial relevancia esa "vinculación íntima,
existencial, e intelectual con la España de las esencias, que no puede ser
reducida a uno u otro régimen político o a una situación coyuntural". Era
también lo que él pensaba de Cuba.

Un día, al comentar uno de los capítulos más inquietantes de Érase una vez
en La Habana, novela que publicó en 1998, Carlos Manuel resumió con humor
la historia reciente de su querida Cuba: "Debe saber que aquí después de la
tormenta siempre viene la calma; y luego otra vez la tormenta".


Original Source / Fuente Original:
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/04/actualidad/1388875212_304405.html


CUBA-L FAIR USE NOTICE

This server contains copyrighted material the use of which has not always been specifically authorized by the copyright owner. We are making such material available in our efforts to advance understanding of Cuba's political, economic, human rights, international, cultural, educational, scientific, sports and historical issues, among others. We distribute the materials on the basis of a 'fair use' of any such copyrighted material as provided for in section 107 of the US Copyright Law. In accordance with Title 17 U.S.C. Section 107. The material is distributed without profit. The material should be used for information, research and educational purposes. For more information go to: http://www.law.cornell.edu/ uscode/17/107.shtml.