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01/04/14 - Correo del Orinoco (Caracas) - Con la revolución haitiana los principios republicanos se hicieron realmente universales

Esta nación, cuya independencia fue proclamada por Jean Jacques Desslines
el 3 de Enero de 1804, debió pagar su temprana descolonización a un precio
tan elevado que a los lectores de historia en este siglo XXI les cuesta
suponer los sacrificios realizados 

Si la historia de alguna nación concita admiración por la bravura sostenida
a la hora de reclamar, arma en mano, su independencia y enfrentar el
aislamiento de los gobiernos y aun de las clases ilustradas de casi todos
los países de su época, es la Haití del siglo XIX.

Esta nación, cuya independencia fue proclamada por Jean Jacques Desslines
el 3 de Enero de 1804, debió pagar su temprana descolonización a un precio
tan elevado que a los lectores de historia en este siglo XXI les cuesta
suponer los sacrificios realizados.

SUPLICIO Y LUCHA DE CLASES

Las ideas de independencia y abolicionismo, originadas en la Francia del
Iluminismo y la Revolución, desembarcaron en sus colonias con los barcos
que transportaban mercaderías hacia la metrópoli. Y si bien los blancos,
propietarios de plantaciones y el gran comercio de Haití, al igual que las
castas que dominaban el resto del continente, aspiraban a la emancipación
territorial, también temían que la Declaración de los Derechos del Hombre y
el Ciudadano incluyera a los negros y los mestizos.

La estructura agraria de la sociedad que se asentó en Haití a partir del
siglo XVI, impuesta por las potencias europeas, marcó el carácter de la
lucha de clases en la isla, que de parte de la clase dominante se expresó
en un trato brutal contra los mulatos y la masa de esclavos y blancos
pobres que generaban la riqueza de las plantaciones y acometían labores
urbanas. A tal punto llegó la violencia de los poderosos, que Luis XIV
promulgó en 1685 el Código Negro.

Este código pretendió regularizar los castigos a que eran sometidos los
negros, desde su captura en África, su traslado en barco hacia estas
tierras, y el deber de sus mercaderes y amos de proporcionarles alimentos,
vestimenta y alojamiento en las haciendas donde se les recluiría de por
vida. De ahí que su cumplimiento era una reivindicación sentida por el
esclavo, pero muchas veces era burlada. Por ello la rebelión y el
cimarronaje encuentran en Saint Dominique -nombre con el que fue conocida
Haití desde los días de Colón hasta su independencia- su caldo de cultivo
más propicio.

En el ciclo de rebeldía antiesclavista de la isla, el historiador Paul
Verna, en su obra Petión y Bolívar. Cuarenta Años de Relaciones entre
Venezuela y Haití (1790-1830), establece un hito dentro del proceso de
luchas que define la Revolución Haitiana: la revuelta de Vicente Ogé y Jean
Baptiste Chavanne, mulatos ambos y precursores de la independencia de la
isla. El primero, miembro de la Asamblea Nacional establecida en Francia,
regresó a Haití para hacer aplicar la Declaración de los derechos del
Hombre y el Ciudadno. El segundo, quien había participado como voluntario
del ejército continental en la guerra de independencia de Estados Unidos,
unieron sus empeños contra la esclavitud, para "repeler por la fuerza y
acabar por fin con un prejuicio tan injusto como bárbaro".

Al frente de un ejército de 500 mulatos y negros libertos, Ogé y Chavannes
promovieron la revuelta, proclamando "la verga de hierro que nos pegó ya
está rota". Sin embargo, al no incorporar a los esclavos de las
plantaciones, la pequeña fuerza fue vencida por el ejército colonial.
Apresados y enjuiciados, el tribunal los condenó a que se les rompieran con
enormes barras de hierro "los brazos, las piernas, los muslos, los riñones"
y que se les colocase luego sobre dos inmensas ruedas "para quedarse así
hasta que Dios les quisiera conservar con vida". Pero de ese acto no se
desprendió, como buscaban las autoridades, la sumisión de los esclavos y
libertos, sino el fuego de la insurrección.

ABOLICIÓN E INDEPENDENCIA

Haití comparte con República Dominicana el perímetro de la isla La
Española, ubicada en el Caribe entre Puerto Rico y Cuba. Y esta
circunstancia ayudó a los dirigentes de una y otra parte a ocultarse en el
país vecino cuando resultaban derrotados en sus tentativas revolucionarias.

Y entre los próceres de la Revolución Haitiana que se sirvieron de este
hecho destaca Toussaint Louverture, cuya formación militar inicial la debió
a las autoridades españolas, que en su pugilato interimperial con Francia
favorecía los levantamientos en el territorio de su vecino. En 1793
Louverture proclamó: "Hermanos y amigos.Quiero que la libertad y la
igualdad reinen en Saint Dominique. Trabajo para que existan. Uníos
hermanos,y luchad conmigo por la misma causa. Arrancad de raíz el árbol de
la esclavitud".

La acción militar de Louverture lo llevó a tener el control del territorio
haitiano y la jefatura del Estado, e incluso incursionó sobre la parte
española de la isla, done liberó a los esclavos. Pero no logró sortear el
ataque del ejército de más de veinte mil hombres que Napoleón Bonaparte
envió en 1802, a cargo de su cuñado el general Charles Leclerc.

Mediante tácticas de "tierra arrasada" y duros combates, como el del fuerte
la Créte-á-Pierrot, en Les Cayes, que duró trece días, Louverture resistió
hasta junio de aquel año, cuando mediante argucias fue capturado por los
franceses y enviado a una prisión de París bajo terribles condiciones que
lo llevarían a la muerte. Para fines de 1802, ya sin la presencia de
Louverture, la conducción de la guerra es asumida por Jean-Jacques
Dessalines, quien poseía dotes de estratega y gran habilidad política. El
resto de los generales haitianos, Christophe, Rigaud, Maurepas, Belais y
Alexander Petion, reconocen en aquel la suprema jefatura de la resistencia
antifrancesa. Para entonces el carácter claramente independentista de la
rebelión se define mejor. Por cierto que Petion, quien años después será
benefactor del Libertador Simón Bolívar, había iniciado su participación en
la guerra como oficial del ejército francés, del cual desertará para
sumarse a las fuerzas haitianas.

Desde noviembre de 1802 hasta el 1° de enero de 1804, el nuevo jefe
Dessalines, operando en una guerra de desgaste contra el fuerte ejército
galo, obtiene un conjunto de victorias en las campañas de Jerémie, Jacmel,
Saint-Marc y en el decisivo sitio y toma de la importante ciudad de Le Cap
(Cabo Francés), donde recibió la capitulación del general Rochambeau,
sucesor de Leclerc, quien había muerto a finales de 1802 a causa de fiebre
amarilla.

Es así como el 1° de enero de 1804, la antigua posesión francesa en isla de
La Española, se convierte, con el nombre de Haití en la segunda nación de
este continente que se constituye como estado independiente (la primera
había sido Estados Unidos con su guerra contra Inglaterra entre 1776 y
1883). Haití ocupa un papel fundamental en la historia latinoamericana y
caribeña, puesto que gracias a su apoyo se consolidarían procesos
emancipadores en Venezuela, Nueva Granada y Centroamérica. Y gracias a su
respaldo Francisco de Miranda pudo culminar sus expediciones precursoras de
1806 sobre Ocumare y Coro. Y el célebre guerrillero Javier Mina (El Mozo)
aventurarse sobre México en su frustrado apoyo a Morelos; y también,
marineros como Luis Brion, Lord Cochrane, Luis Aury y otros integrantes de
las fuerzas libertadoras en el Atlántico y el Pacífico con distinta
fortuna, ejecutar incursiones contra navíos realistas. Haití se constituyó
en la más importante base de operaciones de todos los movimientos
independentistas y antiesclavistas del continente durante las dos primeras
décadas del siglo diecinueve.

HOSTILIDAD DE EEUU Y EUROPA

Desde que se inició el movimiento abolicionista en la isla, las clases
conservadoras del hemisferio -tanto en aquellas regiones que se habían
independizado de la férula colonial, como Estados Unidos en Norteamérica,
como también las nacientes Repúblicas de Centro y Suramérica-, y cuya base
de sustentación para enriquecerse dependía de la explotación de la mano de
obra esclava, temían al contagio del ejemplo haitiano.

De una parte debe recordarse que al menos cuatro de los primeros seis
presidentes que tuvo EEUU, Jorge Washington, Jefferson, Madison y James
Monroe, eran todos virginianos, integrantes de familias plantadoras cuyo
peculio se derivada del trabajo de la mano de obra esclava. De allí el
origen de la hostilidad de muchos gobernantes estadounidenses contra
tcernirodo proceso político que asomase algún cuestionamiento a la
institución de la esclavitud. Y dicha hostilidad abierta o simulada se
mantendrá como política de Estado hasta el advenimiento de Abraham Lincoln
a la Casa Blanca en 1861. El presidente leñador al año siguiente de su
investidura comocernir estableció relaciones formales con la República de
Haití.

Y en el resto del continente el reconocimiento diplomático no fue más
sencillo. En el caso de la Gran Colombia, Jean Pierre Boyer, sucesor de
Alexander Petion, gestionó de modo infructuoso que la nación creada por
Simón Bolívar le otorgase su reconocimiento. Sin embargo, ausente el
Libertador, por encontrarse a la cabeza de las Campañas del Sur y del Perú,
el Ejecutivo de Bogotá a cargo de Francisco de Paula Santander, temeroso de
incomodar a EEUU, se negará a entablar relaciones con la nación caribeña. Y
es conocido que una de las causas principales para el fracaso del Congreso
Anfictiónico de Panamá fue la reacción amenazante del gobierno de John
Quincy Adams y su secretario de Estado Henry Clay frente a la aspiración de
Bolívar de incursionar en Cuba y Puerto Rico para independizarlas y darles
la libertad a sus esclavos.

En sus Instrucciones a los representantes que la naciente potencia envió al
encuentro del Itsmo, Clay justificaba su objeción a la iniciativa
bolivariana aduciendo el peligro imaginario de que con la proyectada
expedición libertadora se reeditasen escenas como las de Saint Dominique,
donde los esclavos se rebelaron contra sus amos blancos y6 se atentase
contra el régimen de propiedad, y que tal ejemplo podía extenderse desde
Cuba al Sur de los Estados Unidos, con daños irreparables a este país. Tal
señalamiento, de quien niega derechos humanos a quienes le sirven y
enriquecen, aunque los reclame con ardor para sí, reflejaba la postura de
las clases conservadoras de todo el continente, para las cuales el
prejuicio en torno al color de la piel ocultaba la verdadera motivación de
su actitud frente al tema de la esclavitud: la posibilidad de sustentar y
acrecentar fortunas a expensas de la mano de obra sometida.

DE CARA AL SIGLO XXI

La imagen que hoy tiene la opinión pública mundial, respecto a Haití como
la economía más pobre de América y con uno de los PIB per cápita más
deficientes de la comunidad internacional, no es el resultado de la
"incompetencia" de su pueblo, como pretende hacerlo ver una poderosa matriz
de opinión dirigida por los grandes centros imperiales de difusión.

Para las décadas finales del siglo XVII y las tres primeras del siglo XIX,
justamente cuando esta pequeña nación desempeñó un papel estelar en los
procesos de independencia del resto del continente, los productos agrícolas
de la isla se transportaban desde sus puertos hasta Europa, Estados Unidos
y distintos territorios suramericanos y caribeños que, pese a los
prejuicios raciales de las castas poseyentes, veían condiciones atrayentes
en la adquisición del azúcar, café, algodón, cuero de ganado y artesanías
provenientes de la patria de Toussaint Loverture.

Y ello debe apreciarse a la hora de enjuiciar en su verdadera medida los
efectos de la penetración colonialista y neodependentista, así como la
distorsión respecto a las percepciones que sectores influyentes de la
opinión pública en Europa y Norteamérica se forman respecto a nuestros
países.

Recuérdese en este sentido, las crueles expresiones del dirigente religioso
estadounidense Pat Robertson acerca de las causas del sismo que estremeció
con saldo trágico a Haití 2010. Este personaje sostuvo que son los propios
haitianos eran culpables del terremoto porque había hecho "un pacto con el
diablo" para lograr su independencia, debido a lo cual desde 1804 "una
maldición se cernió sobre ellos".

En otro aspecto cabe indicar que desde hace décadas todos los
investigadores y estudiosos de la historia del Caribe reconocen el hecho de
que "Haití fue en buena medida la fuente de la riqueza de Francia en el
siglo XVIII". No se entendería, sin este dato, el empeño de todos los
gobernantes franceses, desde los girondinos, jacobinos y el Directorio, por
negarse a conceder a la posesión caribeña, su plena independencia y
confirmar, a tenor de los programas y declaraciones de la Revolución
Francesa, la política de absoluta liberación del medio millón de esclavos
existentes en la isla al momento en que se inicia la Revolución Haitiana.

Haití constituía para la nación gala, lo mismo que India para los ingleses:
la Joya de la Corona. Y ello explica que ante dificultades de distinto
orden geopolítico y colidiendo con los fervorosos discursos republicanos
pronunciados en la tribuna por Brissot, Vergniaud y Jérome Petion entre
otros girondinos, o por los jacobinos Marat, Hébert y Dantón, para Saint
Dominique no concebían un status disitinto al de posesión colonial. Por
ello, el venezolano Francisco de Miranda, quien alcanzó el rango de
Mariscal de Campo de la Revolución por su participación en Valmy, rechazó
el ofrecimiento que se le hizo en 1793 de dirigir una expedición de 20 mil
hombres sobre el Haití insurrecto, para someterlo y luego pasar a
territorio español con dichas fuerzas, Y por la misma causa, Bonaparte en
1802 envía a su cuñado Leclerc al frente de 24 mil soldados a Haití, y no
al gigantesco territorio la Lusianna, que finalmente venderá a EEUU en
1803.

Hoy, con los instrumentos de unión regional ALBA-TCP-Petrocaribe y su Zona
Económica, Haití tiene mucho que dar y hacer dentro de Nuestra América.
Aunque serán otros quienes escriban esta nueva historia.

T/ Néstor Rivero F/ Cortesía


Original Source / Fuente Original:
http://www.correodelorinoco.gob.ve/multipolaridad/revolucion-haitiana-principios-republicanos-se-hicieron-realmente-universales/


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