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12/30/13 - Cuba-L Documento (Albuquerque) - Apuntes sobre el simbolismo numérico en la santería (Primera Parte) *

Rosa María de Lahaye Guerra

(En colaboración con Rubén Zardoya)

La idea de un oricha puede encarnar en cualquier objeto apto para
insertarse de forma orgánica en su complejo simbólico. Entretanto, el
oricha permanece siempre como algo diferente de sus encarnaciones
corporales. Esta determinación, a propósito, no es privativa de lo que se
conoce como a, sino resulta inherente a toda forma de existencia de lo
ideal, a toda forma universal de la cultura humana, en los marcos de una
comunidad sociohistórica dada. Lo ideal -escribe Evald Iliénkov-

no tiene un cuerpo material propio, y por ello, puede fácilmente cambiar
una forma material de su encarnación por otra, manteniéndose en todas sus
"encarnaciones" y "metamorfosis" e, incluso, aumentando su "cuerpo
incorpóreo", rigiendo los destinos y los movimientos de todos los cuerpos
singulares en los cuales se ha alojado, en los que se "materializa"
temporalmente, incluyendo el cuerpo del hombre.

Pero las figuras ideales ni siquiera requieren de la totalidad de un cuerpo
para adquirir una forma material sensorialmente perceptible, y suelen
contentarse con determinados momentos abstractos suyos. El simbolismo que
resalta en los cuartos de santo y, en general, en la práctica de la
santería, no sólo se expresa en objetos corporales, extensos, sino también
en lo que alguna vez los filósofos dieron en llamar cualidades sensibles
(en particular, en el color) y cualidades mensurables (en particular, en el
número).

No cabe duda de que en el suculento "ajiaco" de la cultura popular cubana,
como apunta Lydia Cabrera, "los elementos, los lugares, las cosas, los
animales, que también suelen simbolizar a los orichas [...], dignidades,
oficios, profesiones, estados de ánimo, situaciones, todo puede traducirse
a números". Pero no siempre esta traducción -ni siquiera en la mayoría de
los casos- está asociada al culto de los orichas u otras deidades hijas de
la transculturación de la africanía en Cuba; al menos, no lo está de manera
directa, se contextualiza en un tejido de tradiciones de las más disímiles
procedencias y, es de presumir, de representaciones cristalizadas en el
proceso de configuración de la cultura popular cubana. El sincretismo
inherente a toda forma de religión -y a todos los momentos del culto
religioso-, en especial, a las religiones cubanas de matriz africana, se
expresa con brío singular en el caso del simbolismo numérico.

En lo que concierne propiamente a la santería, las prescripciones para la
realización de ritos mágicos son estrictas en relación con el número de
materiales, enseres, ingredientes, porciones o unidades de una u otra
substancia que han de utilizarse. Dice Ifá: "Para quitarse arallé.- 16
ramos de albahaca de anís, 15 pétalos de rosa amarilla, 10 gotas de
anisado, 35 gotas de oñí y se ruega uno la cabeza con obi efú y orí". "Para
casar a una persona.- Eno (sic.) cortado, 3 gotas de orine, 3 de sangre del
período, saliva de ella y se rezan cinco credos". "Para amarre.- paño del
semen, media botella de aguardiente, alcanfor, 2 raíces de apazote, 7 tiras
para mí y 7 para ti". En los marcos de una u otra tradición, los números
suelen ser fijos en relación con la cantidad de cuentas con las que han de
ensartarse los collares de cada uno de los orichas, cuyo total -insiste el
santero Raúl- varía incluso, en una relación estable cada vez, de un camino
a otro de las deidades; asimismo es fija la cantidad de días -y horas- que
han de observarse para la realización de las diferentes etapas de las
ceremonias más importantes; y el número de écueles -16- de los cuales ha de
disponer un babalao.

El significado de la precisión numérica también se aprecia en el siguiente
fragmento de "esta historia de Agbomirecun títulos del dios de Ifá" (sic.),
copiada, según Pedro Arango, "de un libro de Kenya de la capital de
África", elocuente esfuerzo especulativo (contemplativo) por encontrar un
sentido cósmico a las enigmáticas relaciones que pueden ser establecidas
entre los números:

[...] Uds. dividen 365 días del año entre 256 de Ifá, verán el resultado de
lo que arrojan tocan a días y sobran 109; estos 109 lo dividen entre los 21
anillos [del arco iris, que "es un majá que el dios de Ifá repartió su
cuerpo en 21 anillos"] tocan a 5 y sobran 4 puntos cardinales del oráculo
de Ifá que conocemos aquí por los Cuatro Caminos, el tablero de Changó
dentro de nuestra religión marca los cuatro caminos que dominan los signos
de Ifá que es representado por los 256 Oddú que más tarde abarca los 365
días del año".

Se podría arquear los hombros e, incluso, esbozar una sonrisa compasiva
ante aquellas combinaciones numéricas que recuerdan las pautas, fórmulas,
símbolos y normas de manipulación empleados por los alquimistas medievales
europeos; y ante estas operaciones matemáticas incomprensibles que enlazan
en un todo inorgánico los días del año, los anillos de una serpiente
mitológica, los puntos cardinales y los signos adivinatorios del oráculo de
Ifá; lo mismo, por ejemplo, que ante el ingenio numérico que Platón
despliega en el Timeo en la forma de un majestuoso mito cosmogónico. Pero
ello no nos acercaría un ápice a la comprensión de la importancia que tiene
para el pensamiento mítico (de orden religioso en el primer caso, de orden
filosófico en el segundo), y para el pensamiento en general, la apropiación
razonada de las determinaciones numéricas de la realidad, de los números en
su condición de principios organizadores del cosmos (el orden) y de modelos
reguladores de las formas de actividad de los seres humanos. Todo está
imbuido de números, configurado por números, determinado por estructuras,
funciones, fórmulas y leyes numéricas. Incluidos los seres humanos,
incluidas las deidades. Quien conoce los números, conoce los secretos de la
vida, de lo sagrado y lo profano, de lo natural y lo sobrenatural, de lo
humano y lo divino. Bajo la envoltura del abracadabra, el primitivismo, el
absurdo o la ingenuidad, se revela un sentido simbólico profundo. En todos
estos casos, la exactitud numérica está llamada a garantizar el nexo
(simbólico) adecuado entre los religiosos y las fuerzas sobrenaturales
invocadas. El reino de los números es un reino divino.

Fuente: Cubadebate, Habana, 28 SEPTIEMBRE 2011

http://www.cubadebate.cu/columnas/nosotros/2011/09/28/apuntes-sobre-el-simbolismo-numerico-en-la-santeria-primera-parte/


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