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12/30/13 - Cuba-L Documento (Albuquerque) - Apuntes sobre el simbolismo numérico en la santería (tercera parte y final)*

Rosa María de Lahaye Guerra

(En colaboración con Rubén Zardoya)

Al razonar, los santeros con frecuencia reducen el alcance simbólico del
número a su valor en el proceso adivinatorio que se sirve del oráculo del
diloggún: "La única implicación del número -concluye Remberto- es que el
santo habla por él, por su número". Y ante una pregunta relacionada con la
divinidad del mar, afirma: "Yo no creo que tengan [los números] ningún tipo
de simbolismo directamente. Simplemente que en Oddí (7) habla Yemayá". Pero
a continuación agrega:

[...] Si le vas a poner una cosa, le pones siete cositas, si le vas a poner
addimú [ofrendas] distintos, le pones siete addimú en platicos distintos,
siete fruticas, siete velitas. Pero lo mismo le puedes poner siete que dos,
que uno, que la mitad de uno. Se tiende con ella a poner siete, pero no
porque es una cosa dogmática. Si a ti te gusta el refresco, no tengo porqué
ponerte un trago de ron".

Como puede apreciarse, también en la representación de Remberto -y, lo que
es más importante, en su práctica religiosa-, el número 7 se ha adherido de
alguna forma a la imagen de Yemayá: el 7 "le gusta", "le pertenece", es su
atributo.

Por ello, no es inusual que las hijas de Yemayá se atavíen con siete
manillas de plata o acero níquel, que en el proceso adivinatorio se
recomiende a un feligrés darse siete baños de mar y ofrecer a Yemayá siete
palanquetas de gofio con melado, o bien rezarle durante siete días frente a
"su piedra" envuelta en limo y sumergida en agua de mar; ni que la
divinidad marina castigue a menudo transcurridas siete horas del agravio
sufrido, o que sus víctimas aparezcan ahogadas siete días después de
habérselas tragado un banco de arena a causa de una desobediencia.

En este punto, la santera Bárbara hace hincapié en un pequeño desajuste en
el estereotipo simbólico: "Aunque la cazuela de Yemayá se marca con el
siete, ella habla también por el ocho. Eso depende de la persona a la que
le están haciendo la consulta". En cuanto al babalao José, su punto de
vista y su noción del asunto nada tienen que ver con este estereotipo:

Yo no hablo con Yemayá por ningún número. Yo, si tengo que hablar con
Yemayá, le doy coco a Yemayá. "Yemayá, aquí está Fulano", qué sé yo. ¿Qué
me dice en el coco? Eso no es ningún número. Yo reconozco mi total
desconocimiento de ese sistema. [...] No quiere decir que yo diga que no
sirve, pero. No sé por qué Yemayá es el 7. Si tú me dices que Elegguá es el
uno, yo te entiendo. En Ifá es el uno, el one, es el primero que se saluda.
[...] Porque en el wemilere, en el toque de santos, en el orden [...]
Yemayá es altísima [...] Primero se le toca a Elegguá, después se le toca a
Oggún, después se le toca a Ochosi, después se le hacen algunos saludos a
Osain, después viene Babalú Ayé, después viene toda una serie de santos en
un orden jerárquico que no tiene que ver nada con los números que les han
dado aquí, yo no sé. No te estoy diciendo que esté mal hecho. Lo que yo no
tengo explicación. Y mientras no la tenga., eso es un dogma, y el dogma,
no. Yo creo que ya esto ha cogido un nivel que no es para que tú me digas:
"No, es así porque sí".

El número 7 no trae en modo alguno a la representación de José la idea de
Yemayá. Tampoco a la del santero Raúl, quien asocia este número "mejor a
los siete dones del Espíritu Santo, o a los siete pecados capitales, o a
los siete dolores de la Virgen, qué sé yo, a las siete potencias africanas
[...] Y en la charada tú sabes que el siete no es nada sagrado."

En cuanto al oráculo del diloggún, en el signo adivinatorio Odí (7) no sólo
se expresan los designios de Yemayá, sino también los de deidades a las que
no suele asociárseles con el número 7: Oggún, Elegguá y Ochún,; aunque esta
última, por ejemplo, según Natalia Bolívar, "habla en Oché (5), Unle (8),
Ofún (10), y en Obaramelli (6-6) [...] "y sus números son 5, 10, 15 y 25?.

Como en la práctica ritual de la santera Bárbara, en esta transcripción de
las informaciones recibidas se expresa la diversidad de tradiciones
religiosas de las que son receptores los adivinos. Tal diversidad restringe
la universalidad del simbolismo numérico, aunque no logra sofocarlo ni
disiparlo. Como quiera que sea, lo cierto es que el vínculo simbólico que
une el culto de algunas deidades con determinados números se presenta con
mucho más fuerza y fijeza que en otras.

En este sentido, la asociación de Yemayá con el número 7 parece
privilegiada, aunque este número no la traslade de inmediato a la
representación, y conserve su valor autónomo, su independencia y su
simbolismo variado y heterogéneo. Su asociación con la deidad de la
maternidad marina sólo puede ser comprendida cuando se le integra como un
momento diferenciado del complejo simbólico, en particular, como un momento
que deriva del simbolismo peculiar inherente al proceso adivinatorio, en el
que la cualidad sobrenatural que revela el destino adquiere la forma de una
abstracción numérica sensorialmente perceptible.

*Fuente: Cubadebate (Habana), 13 OCTUBRE 2011
13 OCTUBRE 2011


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