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12/26/13 - Cubadebate (Habana) - Cuba y el precio de la independencia

Cuba concluye 2013 con una mortalidad infantil de 4.2 por cada mil nacidos
vivos, un índice que no alcanza ningún otro país de América Latina y el
Caribe y ni siquiera muchos países desarrollados. Esa cifra la coloca en el
selecto grupo de diez países con menor muerte infantil en el mundo
precisamente en el momento en que en muchas otras naciones se reduce
sustancialmente -como en la rica Europa- el gasto público destinado a
educación, salud y al bienestar de la población.

Lo que quiere decir este dato es que en el año 55 del triunfo de su
revolución, Cuba continúa abrazada a la utopía. En un mundo donde es tan
frecuente inclinarse ante Estados Unidos, la Isla no cede un milímetro
ante sus enormes presiones y amenazas. Nada de políticas de ajuste, nada de
apertura indiscriminada al mercado, nada de privatizaciones, nada de ceder
un ápice de soberanía sobre sus recursos naturales.

Cuando podría suponerse que décadas de lucha merman sus fuerzas, se empeña
en identificar sus propios yerros e insuficiencias, que en algunos casos
hunden sus raíces en los vicios generados por siglos de dominación colonial
y neocolonial o se deben a la copia de esquemas del llamado socialismo
real. Lo hace con el objetivo de "cambiar todo lo que deba ser cambiado"
para hacer sostenible y próspero el socialismo cubano. Pese a los enormes
obstáculos y eventuales retrocesos, en el saldo general avanza, aunque a
veces no lo parezca y los problemas a enfrentar se antojen insuperables.

Todo esto en situación de permanente hostilidad y tenaz bloqueo
económico, comercial y financiero de su poderoso vecino del norte, castigo
no impuesto con ese rigir a ningún otro Estado en la época contemporánea.
Es el precio que Washington le hace pagar por  atreverse a ser
independiente y trazar su propio camino al futuro.

Quién lo hubiera imaginado en aquella América Latina de 1959, en plena
guerra fría y delirante fobia anticomunista. Que un país de poco más de
seis millones de habitantes, carente de recursos naturales estratégicos, un
poco mayor en extensión territorial al estado mexicano de Durango y ubicado
en las fauces del imperio más poderoso de la historia, pudiera conquistar y
mantener tanto tiempo su independencia ante aquel y desarrollar un proyecto
de trasformación social de tal magnitud, que ha sido estímulo y ejemplo
para todos los pueblos de la Tierra.

Para entender el conflicto entre Cuba y Estados Unidos es necesario
estudiar la historia latinoamericana. Ella demuestra que la superpotencia
no ha tolerado nunca a nuestros países desarrollar una política interior o
exterior que se aparte de sus dictados. Acaban de cumplirse cuarenta años
del sangriento golpe de Estado ordenado por la Casa Blanca contra el
gobierno constitucional de Salvador Allende y en la última década hemos
visto el montaje de una contraofensiva estadunidense para arrasar con la
Revolución Bolivariana y con todos los demás gobiernos independientes y
fuerzas populares de nuestra región. Poco importa que esos gobiernos hayan
sido electos según las normas más estrictas de la democracia
representativa. Si a Washington le preocupara la democracia como afirma no
habría auspiciado tantas dictaduras militares ni sería tan íntimo de los
petrorreyezuelos del golfo Pérsico.

En el caso de Cuba, su vecino del norte la ha sometido a un virtual estado
de guerra no declarada desde 1959 que dura hasta hoy. De modo que es en
esas circunstancias que ha conseguido las extraordinarias conquistas en
salud, educación y desarrollo humano en general, que la colocan en esos
campos a la cabeza de América Latina y el Caribe. Y es también en ellas que
se enfrenta a sus deficiencias.

Cuba está saliendo del gran cataclismo social originado por el derrumbe de
la URSS, que hizo colapsar gran parte de su infraestructura económica.
Pero además, afectó severamente la disciplina laboral y social, efectos que
aún se hacen sentir y constituyen una traba fundamental al desarrollo
económico y social y a la satisfacción de las necesidades del pueblo, como
se evidenció en las intervenciones de los funcionarios y diputados en la
sesión de la Asamblea Nacional de diciembre de este año.

Allí Raúl Castro hizo esta puntualización al vecino del norte: Si
realmente deseamos avanzar en las relaciones bilaterales, tendremos que
aprender a respetar mutuamente nuestras diferencias y acostumbrarnos a
convivir pacíficamente con ellas. de lo contrario, estamos dispuestos a
soportar otros 55 años en la misma situación.



Original Source / Fuente Original:
http://www.cubadebate.cu/opinion/2013/12/26/cuba-y-el-precio-de-la-independencia/


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