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11/27/13 - Bohemia (Habana) - DUALIDAD MONETARIA 

El cambio que viene

Renuevo de expectativas, comentarios e interpretaciones siguieron al
anuncio oficial del inicio del proceso de unificación monetaria y cambiaria
en Cuba. BOHEMIA acudió al criterio de una reconocida investigadora del
tema, la doctora en Ciencias Económicas Vilma Hidalgo de los Santos, quien
accedió a analizar desde el origen del problema, los contras y variantes de
solución

Por HERIBERTO ROSABAL y CARIDAD CARROBELLO

Recién salida de una de las clases que imparte en la Facultad de Economía,
la doctora Vilma Hidalgo relee las preguntas hechas por BOHEMIA. Académica
al fin, no puede distanciarse del lenguaje de la ciencia, pero acopla sus
respuestas a las inquietudes de los no avezados en el campo económico.

-¿Por qué surge la dualidad monetaria en Cuba? ¿Solo nuestro país se ha
visto en esta situación?

-Se origina a principios de la década de 1990, cuando Cuba pierde a sus
principales socios comerciales, los antiguos países socialistas de Europa
del Este, e inicia un programa para insertar su economía en el nuevo
contexto internacional.

Hay que recordar que este hecho representó un abrupto decrecimiento
económico, de más del 35 por ciento; un cambio radical en las relaciones
económicas con el exterior y la interrupción de una estrategia de
desarrollo de largo plazo basada en relaciones preferenciales dentro del
Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que integraban la Unión Soviética,
los países socialistas europeos y Cuba. No es un fenómeno exclusivo de la
economía cubana. La dualidad monetaria fue común en América Latina en la
década de los 80, cuando países de la región sufrieron de una aguda
hiperinflación y en consecuencia se produjo una sustitución parcial,
espontánea, de la moneda doméstica por el dólar, en casi todas sus
funciones. Es decir, como medio de pago: las familias y empresas compraban
y vendían utilizando el dólar; como unidad de cuenta: registraban estas
operaciones en la contabilidad; y como reserva de valor: parte de los
ahorros estaban constituidos en dólares.

Por eso se conoce como "dolarización parcial". Todavía persiste en algunas
economías latinoamericanas y aun cuando en muchas el dólar no circula, en
sus sistemas bancarios existe una importante proporción de los depósitos y
se emiten instrumentos de deuda en esa moneda. Hay otras experiencias de
sistemas monetarios duales en el mundo, como fue el caso de China, por
ejemplo.

La profesora entrevistada Vilma Hidalgo Vilma Hidalgo explica que la
dualidad fue funcional durante la crisis de los años 90 ante la pérdida del
poder adquisitivo de la moneda doméstica.  A inicios de los años 90, lo que
se da en Cuba es un proceso de dolarización parcial, cuyo origen fue el
problema externo antes mencionado. La subsiguiente recesión provocó
desequilibrios monetarios. La escasa oferta de bienes y servicios, en
contraposición a la liquidez monetaria requerida para mantener el nivel de
empleo, fue erosionando las funciones monetarias del peso cubano. En otras
palabras, había dinero en circulación sin contrapartida de bienes y
servicios, y ello provocó, tanto en las familias como en las empresas, una
acumulación de pesos, moneda que perdía aceleradamente poder de compra.

En un segundo momento, surgieron la especulación y el mercado negro de
productos y divisa a nivel de la población. Recordemos que el cambio
paralelo (en la calle) en aquellos años llegó a superar los 100 CUP (pesos)
por dólar.

Estos desequilibrios monetarios se fueron acentuando a partir de la
necesidad de financiar los déficits fiscales con mayor cantidad de dinero.
Adicionalmente, se incrementaron los flujos de dólares hacia la economía,
por la vía de las remesas y el turismo.

Posteriormente, el Estado legalizó la circulación del dólar, que ya era una
realidad, y creó un mercado interno para recaudar divisas con fines
redistributivos. En el sector empresarial se permitió la utilización del
dólar como unidad de cuenta y medio de transacciones (comprar y vender),
especialmente en sectores vinculados al turismo, al mercado interno en
divisas y a empresas extranjeras.

Caja de cobros, pagos y cambios en un banco cubano La unificación monetaria
consiste en que el CUP y el CUC se conviertan en una única moneda que
cumpla funciones como unidad de cuenta y para hacer transacciones.

Paralelamente, se implementó un programa de saneamiento financiero
(incremento de algunos precios, eliminación de ciertas gratuidades
innecesarias, reducción de subsidios, entre otros); se desarrollaron
mercados como el agropecuario, y se creó el mercado interno formal en
divisas de Cadeca, que reconoció las condiciones de la oferta y la demanda
de dólares.

Con todas esas medidas se logró en muy poco tiempo que la tasa de cambio
bajara a favor del peso cubano y se estabilizara entre 20 y 25 CUP/dólar.
También ayudó en esa evolución la mayor afluencia de divisas al país. La
tasa de cambio de Cadeca ha sido un importante referente para la gestión de
la política monetaria del Banco Central de Cuba.

Resumiendo, en mi opinión, la dualidad fue funcional para una situación de
pérdida de poder adquisitivo de la moneda doméstica bajo las condiciones de
la crisis señalada y ante el reto de insertarse en un nuevo contexto
internacional.

-¿No pudimos evitar la dualidad monetaria?

-Primero hay que entender que cuando se produce una caída de esa magnitud
en los niveles de actividad de una economía, no hay más remedio que
ajustarse. El problema es cómo se produce ese ajuste. En países que han
enfrentado esta situación, organismos mundiales como el Fondo Monetario
Internacional inmediatamente condicionan sus apoyos financieros a una
drástica reducción de los déficit fiscales, lo que se traduce no solo en
recortes de gastos sociales, sino también en pérdida de empleo para muchas
personas. Son las llamadas terapias de choque.

Pero en Cuba, en los años más duros del llamado período especial se
sostuvieron las garantías sociales y se creó un sistema de transferencias
desde los sectores emergentes (por ejemplo, el turismo y las empresas
vinculadas a este), hacia el resto de la economía, para minimizar costos
sociales y evitar un indiscriminado ajuste con altos costos en términos de
desempleo.

Respecto a la decisión de legalizar la circulación del dólar, pienso que
hay tres razones que la explican. Primero, la dolarización parcial
constituía una realidad y era muy poco probable que pudiera revertirse
rápidamente en medio de una situación de crisis.

Segundo, el país necesitaba ingresos en divisas para iniciar la
recuperación económica. En ese momento hubiera sido muy difícil asegurar la
confianza en el peso para hacer transacciones económicas vinculadas al
sector externo y con este esquema se eliminaba el riesgo cambiario en el
sector emergente de la economía y para las familias beneficiadas por
remesas. La recaudación en divisas se convirtió en un instrumento de
redistribución para contribuir a amortiguar los efectos nocivos sobre los
niveles de vida.

Tercero, en ese momento se requería de referencias de precios y costos para
fortalecer las relaciones mercantiles de las empresas entre sí y frente al
resto del mundo, con nuevas reglas de juego y exigencias de competitividad.
Anteriormente, ellas habían funcionado más débilmente; había una menor
conexión entre el sistema de precios internos y los internacionales debido
al significativo peso del comercio con los países socialistas.

-¿No había otra alternativa?

-Una devaluación generalizada y un cambio total de moneda fue una propuesta
ampliamente discutida en el ámbito académico cubano en aquel momento. En mi
opinión, sin embargo, las circunstancias iniciales hacían impredecible el
resultado de una medida como esa, que estoy segura hubiera provocado costos
más traumáticos y menos márgenes de maniobra para minimizarlos mediante la
política económica.

Otros países adoptaron medidas drásticas en medio de recesiones, con
impactos muy nocivos sobre el empleo y los ahorros de las familias, como
México y Argentina, después de la segunda mitad de los años 90. Algunas
naciones de la región, en medio de crisis financieras, no optaron por la
dualidad, sino por un cambio total de la moneda doméstica por la
extranjera. Con una medida como esa, el banco central renuncia a la
soberanía monetaria, es decir, a su capacidad de emitir moneda propia y
conducir la política al respecto de manera independiente.

La dualidad monetaria en Cuba se concibió como una medida parcial y
transitoria. El problema es que se extendió excesivamente en el tiempo. En
2003 se aplicaron algunas medidas para des-dolarizar la economía, como por
ejemplo, el uso obligatorio del CUC para las transacciones (Ley 65 y
Resolución 80).

Con la aprobación de los Lineamientos, la unificación monetaria se ha
convertido en uno de los objetivos centrales de la política económica y a
ello responde el reciente anuncio realizado por la dirección del país.

-¿Cuáles han sido los efectos negativos de la dualidad?

-Su permanencia excesiva en el tiempo, conjuntamente con el retraso de
otras transformaciones del modelo económico, como se reconoce en los
Lineamientos. Tal vez, de no ocurrir esto último, no solo hubieran sido
menores los costos de la dualidad, sino que hubiéramos podido salir más
rápido de ella.

Pero, después de varios años, el balance entre aspectos positivos y
negativos tiene que contextualizarse. Al principio, la utilización del
dólar sirvió para conectar a la economía con el sector externo y con
referentes internacionales de precios y costos, contribuyendo a la
reanimación.

Así, por ejemplo, los ingresos brutos del turismo crecieron a un ritmo
promedio anual de 18 por ciento, durante más de 10 años. En igual período
se constituyeron asociaciones con capital extranjero, con un volumen de
inversión significativo para nuestras condiciones, que jugaron también su
papel.

Además, la presencia de un mercado interno en dólares incentivó la
eficiencia doméstica en las empresas que lograron insertarse. De hecho,
entonces crecieron las ventas nacionales en la red minorista en dólares. De
esta forma también se redujo el circuito de empresas públicas subsidiadas
por el Estado.

Esto, unido a otras medidas de saneamiento financiero, permitió reducir los
subsidios del presupuesto del Estado. El déficit fiscal tuvo una evolución
paulatina favorable, manteniéndose a partir de 1996 entre un dos y un tres
por ciento del producto interno bruto, lo que internacionalmente es un
indicador de adecuado desempeño fiscal. Pero los costos fueron mayores en
la medida en que pasó el tiempo.

Comúnmente se considera que la dualidad monetaria es la causa de la
diferenciación social y de la pérdida de participación del salario como
fuente de ingresos de las familias. No se puede desestimar el efecto
contraproducente que genera en las familias recibir un salario en pesos y
tener que enfrentar una parte de los gastos en dólares. Sin embargo, no
debemos atribuir tal hecho solo a la dualidad monetaria.

Hay que reconocer que, dada la dimensión de la crisis, los costos eran
inevitables y que, aun así, se preservaron los logros del proyecto
socialista cubano, el país mantuvo la cobertura de los gastos sociales y
aunque efectivamente se congelaron salarios, se mantuvieron el nivel de
empleo y la protección social.  Respecto a los salarios, es difícil
elevarlos de manera generalizada en condiciones de baja productividad y
altos niveles de empleo.

De hecho, si así se hiciera, habrá dinero, pero no productos para comprar,
pues estos se encarecen y entonces los incrementos salariales no sirven de
nada. Imagínense que suban sus salarios en un 10 por ciento, pero también
los precios. En la práctica, la situación no cambia, el poder adquisitivo
es el mismo. Entonces, si existen estos desbalances, no importa el esquema
monetario que prevalezca; solo cambia la forma de manifestación.

-¿Y no incrementar salarios no afecta la productividad?

-Si no reconocemos los resultados del trabajo en el salario estamos
desestimulando la productividad y quedamos atrapados en un círculo vicioso.
Es verdad. Por eso son esenciales los sistemas de retribución salarial con
arreglo al trabajo, a lo cual se otorga relevancia en los Lineamientos. Y
los diseños distributivos, tendientes a evitar los subsidios generalizados.

Pero, volvamos a los costos de la dualidad. También se le responsabiliza
con fenómenos negativos surgidos a raíz de la experiencia de
descentralización empresarial de los años 90, como las manifestaciones de
corrupción. Pienso que este esquema monetario agudizó muchas
contradicciones. Se ha avanzado en el perfeccionamiento de los sistemas de
control, pero aún queda mucho por corregir en los mecanismos económicos.
También hay que continuar fortaleciendo la formación de valores y la
cultura económica.

Hay otros costos de la dualidad monetaria, menos visibles para quienes no
son economistas, pero muy importantes y que se mencionan en la nota
oficial, relacionados con la medición de los hechos económicos y la
eficiencia empresarial.

El tipo de cambio de uno a uno, vigente en el sector empresarial, subvalora
los ingresos de las empresas exportadoras. Imagínense una empresa
exportadora. Por cada dólar que exporta, ¿cuánto recibe en CUP? Un peso.
Pero si la tasa de cambio fuera diez CUP por dólar, recibiría diez CUP. Con
esos ingresos la empresa y su colectivo estarían más estimulados a
producir, si se refleja también en mejoras salariales.

De otro lado, supongan que la empresa enfrenta un gasto salarial de cinco
CUP por cada dólar que ingresa por exportación. Al tipo de cambio de uno,
su contabilidad refleja pérdidas. En verdad, lo que está ocurriendo es que
no se reconoce un valor realista de tipo de cambio. Si este, efectivamente
fuera 10, no existiría ese problema. La entidad podría cubrir perfectamente
sus costos. La contabilidad reflejaría adecuadamente el hecho económico. En
este caso, que la empresa es rentable.

Imagínense ahora otra que aparece como rentable en la contabilidad. Tiene
solamente ingresos en CUP, pero costos en dólares. Por ejemplo, vende un
CUP y gasta 0.5 dólares por cada CUP que produce. Es rentable porque al
tipo de cambio de uno a uno, los ingresos superan los costos.

Sin embargo, vamos nuevamente a asumir que el tipo de cambio realista es 10
CUP/dólar. Si así se reflejara en la contabilidad, los costos materiales
serían cinco CUP. ¿Es que la empresa "se convirtió" en irrentable? No, ya
lo era, pero la contabilidad no lo reflejaba así por la distorsión del tipo
de cambio. ¿Es que ahora hay que subsidiar a la empresa? Realmente, ya
estaba subsidiada implícitamente por el tipo de cambio.

Generalizando, algunas empresas con una alta proporción de insumos
importados pueden ser rentables, según su contabilidad, cuando en realidad
son beneficiadas por subsidios ocultos en el tipo de cambio sobrevaluado.
Mientras, algunas que son rentables en divisas pueden aparecer con pérdidas
en moneda total, cuando en realidad están subvalorados sus ingresos.

La falta de un tipo de cambio realista, que permita conectar los flujos
financieros en pesos y dólares, dificulta la medición de la rentabilidad de
las empresas y el correcto análisis de la situación de las finanzas
públicas.

Otro problema es que, en un contexto de débil regulación, segmentación de
mercados y ausencia de un mercado cambiario empresarial, la dualidad
monetaria se convirtió en un obstáculo para articular cadenas productivas y
afectó a productores nacionales con potencialidades.

Por ejemplo, una empresa de muebles eficiente y competitiva quiere vender
al turismo una mesa a un precio de 100 CUP. El hotel compara que una mesa
importada, de similar calidad, le cuesta 50 dólares. Al cambio de uno a
uno, le resulta mejor importar, pues el precio es menor. Pero la misma mesa
importada, a un tipo de cambio de 10, resultaría demasiado cara (500 CUP) y
optaría por la mesa cubana, con lo cual se estimula a la industria
nacional.

Asimismo, en estas circunstancias es difícil favorecer la sustitución de
importaciones, pues no se puede medir con exactitud los costos internos
reales de una actividad y la conveniencia o no de su emprendimiento,
respecto a una alternativa importada.

-¿Entonces, un tipo de cambio empresarial mayor a uno podría mejorar la
competitividad de la empresa cubana?

     -En principio sí, aunque dependerá de la dinámica de los precios
domésticos después de la devaluación, tema que seguro está previsto atender
como parte del programa. Hay que evitar que se desencadene una espiral
inflacionaria.

De esta forma, la devaluación encarece las importaciones y favorece a los
exportadores. Es de esperar también una dinámica mayor de la actividad de
las empresas nacionales hacia el sector exportador, ya que sus precios
pueden ser más competitivos.

Lo esencial es la capacidad de la economía para reaccionar ante estos
cambios de precios relativos. No se puede esperar mayor competitividad con
una devaluación de un plumazo. Esas reacciones no son tan automáticas. Será
necesario acompañar con otras medidas afines a este objetivo y que permitan
ampliar las capacidades productivas, fomentar las exportaciones,
perfeccionar la política de precios y salarios, la política crediticia,
entre otras.

Por ejemplo, es imprescindible que los potenciales beneficios de la
reactivación se expresen en los salarios de los trabajadores protagonistas
de esta, de manera que se pueda comenzar a superar el actual círculo
vicioso e ir a una mayor productividad del trabajo.

-¿Por qué ahora, y no antes, la decisión de comenzar el proceso de
unificación?

-La economía cubana se ha ido recuperando. Ha logrado superar la situación
crítica de los años 90. Además, se ha ganado experiencia en todos estos
años en la administración de las políticas macroeconómicas y financieras.

Pero lo más importante ha sido la voluntad política, a partir de la
aprobación de los Lineamientos, de avanzar hacia la unificación monetaria
para contribuir a perfeccionar el sistema de precios y salarios, a favor de
una mayor productividad del trabajo, y mejorar la medición de los hechos
económicos como base para la toma de decisiones.

Como ya dijimos, su permanencia en el tiempo agudizó los costos de la
dualidad. Pero tampoco es algo que se puede hacer de un día para otro, como
ha explicado varias veces la dirección del país.

-¿Es viable un mercado cambiario en el sistema empresarial?

-En el modelo cubano, el balance de ingresos y gastos en divisas es
esencial para garantizar objetivos económicos y sociales del plan de la
economía. Pero ello no contradice que una vez establecidas las fronteras
entre centralización y descentralización, se instituya un mecanismo a
través del cual las empresas, de manera regulada, puedan intercambiar
moneda doméstica y extranjera a una tasa de cambio -prevista por el Banco
Central- que refleje las condiciones de la economía en el sistema de
precios y costos.

Este mecanismo ofrecería flexibilidad a las transacciones empresariales y
señales acerca del valor de la tasa de cambio para la administración
monetaria por parte del Banco Central. Sin embargo, no debe ser una medida
aislada, sino parte del programa de unificación, acompañado por las
requeridas correcciones monetarias.

-¿Por qué la unificación monetaria y cambiaria no puede ser una decisión
con la cual se resuelva todo de una vez? ¿Qué implica unificar? ¿Por qué
empezar por las empresas?

-Implica varias cosas.  Primero, unificar el CUP y el CUC, las dos monedas
emitidas por el Banco Central de Cuba, y convertirlas en una única moneda
nacional con nuevas bases de convertibilidad respecto a la moneda
extranjera.

Hoy el CUC ha perdido convertibilidad, particularmente en el sector
empresarial, donde solo una parte tiene capacidad de liquidez (CL) para ser
intercambiada por dólares. La nueva moneda, es decir, el peso unificado,
debe expresar algún grado de convertibilidad, a una tasa de cambio
realista, lo cual no significa que se eliminen los controles cambiarios,
que no se regule el acceso a la divisa.

La cantidad de dinero debe ser coherente con el equilibrio interno y
externo. Es decir, debe respaldar las transacciones de bienes y servicios
en la economía, y lograr que ello tenga un reflejo en la estabilidad de
precios, además de corresponderse con los flujos de divisa, a la tasa de
cambio que se establezca.

Sí, definitivamente, es un proceso complejo y por sus implicaciones en los
precios, salarios, finanzas empresariales, presupuesto del Estado entre
otros indicadores fundamentales de la economía, debe ser gradual.

La situación no es la misma en el circuito monetario de la población que en
el de las empresas. En el sector empresarial la tasa de cambio se ha
retrasado en el tiempo, cuando en realidad las condiciones de la economía
cubana cambiaron. En el mercado cambiario de la población (Cadeca) existe
una tasa de cambio que refleja las condiciones en ese circuito. Pero no hay
suficiente información para fijar de un día para otro una única tasa de
cambio.

Se impone unificar monedas en el sector empresarial y fijar una tasa de
cambio superior a uno. Ambos pasos son complejos. Hay que evaluar el
impacto sobre la situación financiera de las empresas y la economía en su
conjunto.

Utilizando el mismo ejemplo que refería antes, de subsidios implícitos por
tasa de cambio a las importaciones: a las empresas que reflejan hoy en su
contabilidad total el componente importado de sus costos a una tasa de uno
a uno, ¿qué les ocurriría si mañana la tasa fuera 10? Contablemente, el
componente en dólares de sus costos se elevaría diez veces. Si la empresa
exporta y hoy es rentable en divisas, no debe preocuparse, también se
elevan sus ingresos en divisas expresados en moneda nacional.

Pero, ¿qué pasa con las empresas que no exportan, es decir, las que tienen
ingresos en pesos? Que tenían los costos de importación artificialmente
bajos y ahora aflora la situación real en la contabilidad.

La corrección de estas distorsiones se trasladará al Presupuesto del
Estado, ya que el sistema de transferencia fiscal (impuestos y subsidios)
está hoy distorsionado por la tasa de cambio sobrevaluado.

-¿Podría bajar la tasa de cambio de Cadeca en alguna medida, aunque sea
mínima?

-Más que responder directamente, voy a referirme a dos cuestiones, para que
los lectores puedan "sacar sus propias conclusiones".

Primero, aclarar que la tasa de cambio en una economía no puede fijarse
arbitrariamente. Todos quisiéramos que bajara en Cadeca ahora mismo. Pero,
pongamos un ejemplo, ¿qué pasaría si se fijara mañana en dos o tres CUP por
CUC? Como estaría muy barato el cambio, empezaríamos a demandar mayor
cantidad de CUC en Cadeca, pero esta no tendría los CUC necesarios para
satisfacer esa mayor demanda.

Una mala decisión sería que el banco imprimiera más CUC para continuar
vendiéndolos, porque esta mayor cantidad no tendría suficiente respaldo en
dólares y perdería poder adquisitivo el CUC. ¿Por qué? Porque no se podría
suministrar más productos y estos se pondrían más caros o se
desabastecerían las tiendas.

En general, el valor de la tasa de cambio depende de la disponibilidad de
divisas respecto a esa demanda proveniente de la moneda doméstica. Mientras
mayor sea la afluencia de divisas en un país, más posibilidades hay de que
se aprecie la tasa de cambio.

Segundo, el poder adquisitivo de la moneda no solo se expresa en una tasa
de cambio menor, sino también en salarios y precios. El poder de compra se
refiere a la posibilidad real de consumir productos y servicios con una
determinada cantidad de dinero. El dinero vale más si los salarios se
elevan por encima de los precios.

Una disminución de precios tendría un efecto similar al de la reducción de
la tasa de cambio. En ambos casos, el salario valdría más, en términos
relativos. Sin embargo, si suben los salarios pero en igual proporción lo
hacen los precios o la tasa de cambio, no se eleva el poder adquisitivo, ya
que las personas podrán consumir exactamente igual que antes. Las tres
variables están relacionadas.

Imaginen un caso extremo en que aumenta la cantidad de CUP en la economía
porque suben los salarios, pero ni se produce más, ni hay más divisas para
importar. Entonces, los productos escasean tanto en el mercado en CUP como
en CUC, pero hay mucha cantidad de CUP. ¿Qué pasará? Pues que los precios
del mercado agropecuario subirán y, además la tasa de cambio se elevará,
pues habrá más CUP, respecto a CUC disponibles. En cambio, si crece el
dinero en CUP, y también la producción y la exportación (entrada de
divisas), habría más posibilidades de estabilizar precios y bajar la tasa
de cambio.

Así, los incrementos salariales deben corresponderse con incrementos de
productividad. Antes dije que tampoco puede ignorarse el poder adquisitivo
del salario como incentivo a la productividad, de ahí la importancia de las
políticas de remuneración con arreglo al trabajo. De no tomar en cuenta
todos estos elementos, la economía queda atrapada en desequilibrios e
ineficiencias.

El ajuste de la tasa de cambio empresarial ofrece oportunidades para romper
este círculo vicioso. Si al sector exportador se le reconoce una mayor tasa
de cambio, los ingresos en CUP se elevan por cada dólar exportado y una
parte puede destinarse a incrementar salarios. De manera análoga, al sector
que sustituye importaciones, se le deberá permitir formar precios sobre la
base de referentes internacionales, de manera que también puedan contar con
esta posibilidad en condiciones de mayor competitividad.

Paulatinamente, es de esperar que el efecto reanimador sobre la producción
y la balanza de pagos del país impacte los niveles salariales en el resto
de los sectores de la economía y así se recupere el poder adquisitivo.

Vale insistir que aun cuando hablamos de potenciales efectos positivos, no
se puede atribuir toda la responsabilidad de la recuperación del poder
adquisitivo a la unificación. Se trata de colocar a esta en un programa
económico integral con ese objetivo.

-¿Cuántas etapas tendría ese proceso y cuánto puede demorar? ¿Qué debe ser
primero y qué después? ¿Podría lograrse que los dos tipos de cambio
converjan?

-La secuencia de la unificación es relevante. Unido a este proceso es muy
importante avanzar en las medidas previstas para reactivar las capacidades
productivas y de exportación, como son las dirigidas a profundizar las
transformaciones en el sector agropecuario.

También es vital para el equilibrio interno y externo ampliar fuentes de
financiamiento al sector exportador; continuar desarrollando nuevas formas
de gestión con el doble propósito de elevar la eficiencia y al propio
tiempo aliviar las finanzas internas (captando impuestos y reduciendo
gastos del presupuesto); perfeccionar los mecanismos regulatorios y el
sistema de incentivos en la empresa estatal para estimular la productividad
del trabajo; fortalecer la infraestructura productiva y tecnológica del
país, elevando gradualmente la inversión, entre otras.

Corregir progresivamente el sistema de precios y salarios es una condición
para la reactivación económica. Por eso también el ajuste de la tasa de
cambio empresarial debe ser uno de los primeros pasos en el proceso de
unificación. Junto a la unificación monetaria y cambiaria en el sector
empresarial, habrá que institucionalizar los mecanismos de acceso a la
divisa.

Es posible, como decíamos antes, que la actual brecha entre la tasa de
cambio de Cadeca y la empresarial justifique transitoriamente un
diferencial menor entre ambas. Pero la permanencia de tipos de cambio
múltiples en la economía, suele traer problemas como, por ejemplo, la
especulación: comprar barata la divisa en un segmento y venderla cara en
otro.  Ello puede evitarse a través de la regulación y el control, pero es
un riesgo, en particular en las condiciones actuales en que se fortalecen
los vínculos entre el sector por cuenta propia y las empresas estatales.

Además, la presencia de tipos de cambio múltiples en una economía
distorsiona el sistema de precios. Por eso soy partidaria de procurar la
convergencia de ambos tipos de cambio, en la medida en que las condiciones
de la economía lo permitan.  El programa hacia la unificación monetaria es
sin duda un paso trascendental para consolidar la moneda doméstica,
recuperar su poder adquisitivo y reactivar la economía. El país cuenta con
capacidad y competencia para lograr el éxito de este proceso. En lo
adelante, debemos afianzar la estabilidad de largo plazo del peso cubano,
sobre los pivotes más esenciales: la productividad y la disciplina
financiera y fiscal.

¿Qué es la unificación monetaria y cambiaria?  

La unificación monetaria se refiere a la decisión del Banco Central de
emitir una única moneda y que cumpla sus funciones como unidad de cuenta y
medio para hacer transacciones. Es decir, las empresas y los hogares
realizarán compras y ventas en una sola moneda, y así quedará expresado en
la contabilidad.  El dinero también cumple la función de reserva de valor.
Por ejemplo, en el sistema financiero cubano hay cuentas en CUP, CUC y
divisas. Esto es generalizado a nivel internacional, aunque casi siempre
sujeto a regulaciones.  En las economías que han experimentado procesos de
dolarización parcial, generalmente se admite la presencia de ahorros en
esta moneda. Aunque los bancos centrales tienden a desestimularlos, a favor
de la moneda doméstica. Pero lo hacen mediante mecanismos indirectos, como
el pago de una mayor tasa de interés, entre otros.  También hay
experiencias en que los cambios de monedas se han extendido hasta los
depósitos, pero no parece ser una práctica aconsejable.  La unificación
cambiaria se refiere a la presencia de un único tipo de cambio para
intercambiar la moneda nacional por la moneda extranjera,
independientemente del tipo de operación -comercial o financiera-, o de
quien la realice, por ejemplo, una empresa o una familia. Cuando existe
diferenciación según estos u otros criterios, estamos en presencia de tipos
de cambios múltiples. Algunos países por ejemplo, han favorecido al sector
exportador con tipos de cambio diferenciados.

En Cuba los tenemos. Hay un tipo de cambio de 1 CUP/CUC en el sector
empresarial y otro, de 24 CUP/CUC, para el sector de la población (Cadeca).
Pero hay que aclarar que en el primero, no porque sea un peso por dólar,
las empresas pueden comprar a ese precio la divisa en un mercado cambiario.
Hay controles cambiarios y la divisa se distribuye a través de las cifras
previstas en el plan de la economía.  Es de esperar que por un tiempo se
mantengan esos tipos de cambio múltiples, pero con una tasa de cambio más
realista en el sector empresarial.


Glosario 

Déficit fiscal (también presupuestario o público): El que ocurre cuando los
gastos realizados por el Estado superan a los ingresos, en un determinado
período, normalmente un año.

Devaluación (monetaria): Pérdida del valor nominal de una moneda corriente
frente a otras monedas extranjeras. (Las monedas representan un valor,
relacionado con la riqueza del país de que se trate. La moneda en sí no
tiene un valor real, sino que es solo representativo y si la nación emite
más monedas o les da un valor más alto del que puede respaldar con su
riqueza, se tienen que realizar ajustes en cuanto al valor de estas).

Especulación: Operación comercial que se practica con mercancías, valores o
efectos públicos con el único propósito de lucrar con las variaciones en su
precio de mercado.

Hiperinflación: Inflación muy elevada, fuera de control, en la que los
precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor.

Liquidez: Cualidad de los activos (bienes tangibles o intangibles que
poseen empresas o personas) para ser convertidos en dinero efectivo de
forma inmediata sin pérdida significativa de su valor. Cuanto más fácil es
convertir un activo en dinero se dice que es más líquido. Por definición el
activo con mayor liquidez es el dinero; es decir, los billetes y monedas
tienen una absoluta liquidez. De igual modo, los depósitos bancarios gozan
de absoluta liquidez y por tanto desde el punto de vista macroeconómico
también son considerados dinero.

Producto interno bruto (PIB): Medida macroeconómica que expresa el valor
monetario de la producción de bienes y servicios de un país durante un
período determinado de tiempo (normalmente un año). El PIB es usado como
una medida del bienestar material de una sociedad y su cálculo se encuadra
dentro de la contabilidad nacional.

Recesión (o estado recesivo): Disminución generalizada de la actividad
económica de un país o región, medida a través de la bajada, en tasa anual,
del producto interno bruto (PIB) real, durante un periodo prolongado.//
Disminución de las actividades económicas, comerciales e industriales.

Redistribución ("con fines redistributivos"): Proceso consistente en
modificar la distribución de un bien entre los agentes económicos por
considerar que no es la adecuada, generalmente siguiendo criterios de
justicia o equidad.

Remesa: Envío de una cosa de un lugar a otro. En este caso, referido al
envío de dinero que cubanos residentes en el exterior hacen a sus
familiares u otras personas en Cuba.

Tasa o tipo de cambio: Relación de proporción que existe entre el valor de
una y otra moneda.  Indicador que expresa cuántas unidades de una se
necesitan para obtener una unidad de la otra.

Saneamiento financiero: Proceso que consiste en fortalecer los ingresos
públicos y contener el crecimiento excesivo de los gastos, a fin de reducir
el déficit fiscal o presupuestario.

Sector externo: Conjunto de actividades y estrategias que realizan los
Estados en el ámbito internacional para poder mantener un adecuado
intercambio productivo, comercial, financiero, etc., que asegure el
desarrollo de sus pueblos.

Subsidio: Ayuda o auxilio económico extraordinario concedido por un
organismo oficial a una persona o entidad; también a productos o servicios.


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