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12/17/13 - Granma (Habana) - La toma del Cobre desmoralizó a la tiranía

La toma del Cobre desmoralizó a la tiranía

Eduardo Palomares Calderón

Santiago de Cuba.- Dos caras de una misma acción: la toma de El Cobre
representaba para el Ejército Rebelde un firme paso de avance hacia
Santiago de Cuba, pero la pérdida de esa localidad mundialmente conocida
por su santuario, a solo 21 kilómetros de la segunda ciudad del país,
constituiría un vergonzoso descrédito para la tiranía de Batista.

Poblado de El Cobre, Santiago de Cuba, a principios de los 60.

Así lo recuerda uno de los participantes en esos hechos, Víctor Radamés
Sánchez Franco, quien comentó a Granma algunos de los sucesos que
antecedieron a la entrada triunfal en ese poblado, de las tropas del
Segundo Frente "Mario Muñoz Monroy", al atardecer del 17 de diciembre de
1958.

"Montuno", como bien lo conocen sus compañeros de lucha, subió a la Sierra
Maestra en marzo de ese año al frente de un pequeño grupo de jóvenes, cuyas
ideas políticas adversas al régimen, los habían convertido en sospechosos
del ataque realizado a la estación de policía de El Cobre por algunos de
sus compañeros.

"Yo creo que esa fue la primera señal de debilidad de los guardias
-refiere-, porque ante aquella acción de un pequeño grupo sin experiencia
combativa, movilizaron tan estrepitoso refuerzo desde Melgarejo y Santiago
de Cuba, que por sobre sus intentos de atemorizar solo lograron más odio de
la población".

En lo que él llama una oportuna acogida guerrillera, tan pronto el jefe
fundador del Frente, Comandante Juan Almeida Bosque, se enteró de la
llegada de la gente de El Cobre, mandó a buscar a varios y les explicó sus
intenciones de asaltar el polvorín de la mina, y lo útiles que ellos
podrían ser por conocer el lugar.

"Un hombre tan humilde como Almeida se había conmovido frente al cuadro de
miseria imperante en la zona -destaca Montuno-, de ahí que junto al
propósito de ocupar un poco de explosivos, planificara cuidadosamente el
asalto, para que sirviera también de señal al régimen de la fuerte
presencia rebelde.

"Además de la audacia con que se desarrolló el asalto al polvorín -añade-,
después de sacar unas treinta cajas de dinamita, fulminantes y mechas,
Israel Pardo Guerra decidió destruir lo que quedaba en el almacén, y se
produjo una explosión tan grande que a partir de ese 11 de abril de 1958
las fuerzas batistianas vivían como conejos asustados".

[1]Foto del autor En Almeida surgió un cariño especial por El Cobre,
asegura Víctor Radamés (Montuno).

Varias acciones sucedieron en el transcurso de los meses, pero el colofón
vino el 14 de diciembre, cuando en Puerto de Moya tuvo lugar un combate
contra una fuerte columna enemiga, que con unos 500 efectivos y armas de
diferentes sistemas y calibres, se dirigía por la Carretera Central a
reforzar la guarnición de Palma Soriano.

"Nosotros tendríamos alrededor de 200 hombres -precisa Víctor Radamés-, y
desde días antes comenzamos a hacer trincheras y pozos de tiradores en el
lomerío circundante, pero no supimos lo que iba a pasar hasta que ya de
mañana vimos acercarse el convoy de yipis, camiones, tanquetas...

"El combate fue fuerte; de uno y otro lado se disparó con todo, y logramos
neutralizar las tanquetas, una de las cuales se mantiene como monumento a
la acción en Hongolosongo. Según informes entre muertos y heridos ellos
tuvieron más de 70 bajas, y nosotros perdimos un compañero".

Además de escucharse el cerrado tiroteo, por toda la zona se comentó la
derrota de la columna, que muchos vieron retroceder hacia Santiago de Cuba.
A la vez, todos conocieron seguidamente que por orden de Almeida había sido
neutralizado el puente de Venturita, imposibilitándose así el tránsito de
refuerzos por esa vía.

"Transcurridas apenas 72 horas -señala Montuno- ya el jefe del cuartel de
Melgarejo gestiona contacto con las fuerzas rebeldes, para rendirse y
entregar las armas, excepto algunas que le permitieran llegar al cuartel
Moncada como si se hubieran batido en retirada con tropas rebeldes
superiores.

"Así se hizo, pero tuvieron tan mala suerte que en el camino fueron
detenidos por compañeros nuestros que no entraron en pacto alguno y los
desarmaron totalmente. Mientras caía la tarde, nosotros marchábamos hacia
El Cobre, desde donde llegaban los toques de tambores de la fiesta de San
Lázaro.

"El recibimiento fue lo más grande -enfatiza-, en aquella humilde población
jamás se había visto tanta alegría, y en el caso de quienes vivíamos en El
Cobre resultó tan impactante, que yo pasé frente a la casa de mi familia,
escuchaba los gritos de mi hermana llamándome, y seguí sin parar hasta
donde acampamos esa noche.

"Los guardias jamás volvieron a aparecer, y allí nos quedamos con el ya
Comandante René de los Santos, y los capitanes Fernando Vecino Alegret, y
Rigo Ramírez, entre otros jefes, hasta que tras la fuga del tirano Batista
se nos dio la orden de avanzar hasta las puertas de Santiago de Cuba, el
1ro. de enero de 1959".

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Original Source / Fuente Original:
http://www.granma.cubaweb.cu/2013/12/17/nacional/artic01.html


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