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12/15/13 - Juventud Rebelde (Habana) - ¿Quién era la niña de la muñeca de palo?

Tras los rastros de la protagonista de la instántanea predilecta de Korda,
salió JR. Una historia conmovedora

Mayra García Cardentey digital@juventudrebelde.cu 14 de Diciembre del 2013
23:35:09 CDT

SUMIDERO, Minas de Matahambre, Pinar del Río.- "¿Qué tienes en las manos?",
le dijo Korda, curioso con aquella niña de grandes ojos negros, que
abrazaba con ahínco un trozo de maderito cubierto con un pedazo de papel
periódico. "Es mi muñequita y se llama Nene", le respondió la beba de tan
solo dos años.

Era 1959 cuando el más universal de los fotógrafos cubanos, conocido
posteriormente por la popular imagen del Che, llegó al pintoresco pueblo en
el medio de la Cordillera de los Órganos, y descubrió a Paula María Seijó
Loaces, la protagonista de su imagen predilecta.

"Cuando vi a esta niña me convencí que debía consagrar mi trabajo a una
revolución que transformara esas desigualdades", recordó en una ocasión el
también denominado autor de sentimientos.

¿Quién es Paulita? ¿Cómo sucedieron los hechos? ¿Qué ha pasado con ella en
estos más de 50 años? JR indaga.  No eran épocas para muñecas

"Llegué a esta vega en el 52, por mi padre, que era amigo del terrateniente
Ferro. Tenía una tierra en arrendamiento, sembraba tabaco para él y vivía
en la parte de atrás de su caserón", recuerda Nicolás Seijó (el Niño), hoy
a sus 86 años.

"En aquella etapa había que trabajar bastante para poder "escapar", sembrar
mucho, luchar para criar a una familia. Éramos mi mujer y yo, con los cinco
niños, entre ellos Paulita.

"Óigame, la época estaba dura, había que hacer de todo para mantenerse, y
andar aunque sea vestidito. ¡Qué muñeca le iba a comprar yo! ¡Ni
pensarlo!".

Aracelis, una de las hermanas, rememora aquellos años: "Vivíamos con unas
posibilidades pésimas, pero Paulita siempre inventaba.

"La situación económica no permitía una muñeca, ni siquiera de trapo. Sus
juguetes eran resultado de su imaginación. No eran solo los pequeños
maderos, también eran tusas de maíz con dos huequitos por ojos, y cuya
pelusa alisaba con cuidado; o una botella con trapos. Pero la preferida era
Nene, aquel trozo de madera que llamó la atención de Korda".  Llegó la
Revolución...y Korda

"Korda terminó aquí de casualidad, venía a hacer un trabajo publicitario",
evoca Aracelis. Nicolás no olvida tampoco: "Entró por la parte de atrás de
la casa y descubrió a la chiquita con una muñequita hecha con un pedazo de
palo de la casa de tabaco".

"Aquella foto para nosotros fue, pa' qué te voy a decir, nos alegró mucho
la vida. Nos la cambió", apunta el padre.

"Korda después nos mandó a buscar para retratar a Paulita allá en La
Habana. Le tiraron fotos, le hicieron regalos, la llevaron a pasear, a la
playa. Para ella fue el paraíso".  ¿Y Paulita?

"Ella era una niña inteligente, risueña, lo fue siempre", la describe
Nicolás mientras enseña la almendra que corona su casa, una planta que hace
50 años Paulita le pidió sembrar.

A mediados de los 60, la familia perdió a la progenitora, y Aracelis, con
tan solo nueve años, se convirtió en el sostén materno. Gracias a ella,
Paulita terminó su primaria.

La escogida de tabaco fue su trabajo por un tiempo, hasta que descubrió la
Enfermería. "Llegó a ser una enfermera que para qué les voy a decir. Pero
le cayó la mala y se me puso matunga y no hubo cómo salvarla", le pesa a
Nicolás. En 1979, cuando faltaban 20 días para que cumpliera 22 años, murió
de una enfermedad sanguínea.

Un tiempo antes se había casado como  soñó.

"Siempre estuvo muy contenta con aquella imagen. Cuando era niña y Korda
venía, le enseñaba la foto del tronquito como si él no la hubiera visto",
explica Aracelis.

"Korda, con su imagen, transformó su vida. Paulita siguió siendo la niña
sencilla, pero gracias a aquella fotografía apreció más lo que tenía, pudo
comparar una etapa con la otra. Nunca se deshizo de la muñeca".

Hoy todavía está en pie la vetusta casa donde Korda llegó, casi por
equivocación aquel día del año 59. Nicolás sigue en la vega, que ahora le
pertenece, y camina día a día, dos y tres veces, una empinada loma que lo
conduce a sus tierras: ya son 61 zafras.

Aracelis ve muchas veces a Paulita, estampada en algunas vidrieras de la
ciudad, y cuenta al interesado: "Esa es mi hermana". ¿El madero? todavía
está en la casa como un bien preciado. Y el almendro crece en el patio.


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