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12/13/13 - Prensa Latina (Habana) - La Carga de Mal Tiempo

Por Rafael de la Morena *

La Habana (PL) Corría el mes de diciembre de 1895 en Cuba, y la columna
invasora de los mambises que luchaban en la segunda guerra de independencia
había recorrido más de la mitad de su itinerario desde la salida de los
históricos Mangos de Baraguá.

Acababa de atravesar las montañas de Las Villas por la zona de Manicaragua
en el centro del país y se acercaban a los llanos de Cienfuegos. Allí se
habría de producir la principal acción de la Invasión a Occidente: la
Batalla de Mal Tiempo.

El 14 de diciembre los mambises descansaron de las últimas agotadoras
jornadas en el campamento de Las Lomitas. Al amanecer del siguiente día
tomaron el camino de descenso a las llanuras y avanzaron al noroeste, y sin
saberlo iban al encuentro de la hazaña que les deparaba el destino.

Los líderes cubanos imaginaban que poderosas huestes españolas los
esperaban dislocadas en la ruta a las cercanas comarcas occidentales, pero
desconocían que en ese momento contra ellos el alto mando peninsular había
preparado una operación para interceptarlos con la concentración de tres
columnas dirigidas por el experimentado coronel Salvador Arizon, un total
de 1200 efectivos de infantería apoyados por 500 jinetes de los escuadrones
de Treviño y Montesa.

El Generalísimo Máximo Gómez sabía que en cualquier instante algún
contingente ibérico intentaría cerrarle el paso a la columna invasora y le
expresó a Maceo: "Que el enemigo se nos ponga detrás, así en vez de
detenernos nos empuja". Táctica apoyada por el Lugarteniente y a la cual
ambos agregaron la instrucción expresa de que en caso de asomar el enemigo,
cargar al machete sin esperar órdenes, ya Gómez había expresado que "entró
la nave en alta mar" en clara alusión a un próximo encuentro mortal.

En efecto, las agrupaciones enemigas se movían con el objetivo de converger
en Lomas Grandes, punto donde esperaban encontrar descuidados a los
cubanos, pero su cálculo resultó fallido, y la columna del coronel Narciso
Rich estaba aún lejos de las otras dos, cuando tomó rumbo al llamado
callejón de Palenque, sin notar que por el otro lado de este accidente
geográfico ya transitaba entre las arboledas la tropa invasora.

Allí, a unos mil metros del caserío de Mal Tiempo, al término de este
camino de la manigua, en un área de tierra sin sembrar rodeada de algunos
cañaverales y marginada por una zanja, chocarían con violencia inusitada
los reclutas de la Metrópoli con los redentores de la Cuba oprimida.

La columna invasora en ese momento contaba con unos tres mil combatientes,
pero un millar no tenían armas de fuego y el parque era escaso, al extremo
de que Gómez dijo a Maceo: "solo nos quedan dos cápsulas por soldado", a lo
que el hombre de Baraguá respondió: "no importa, a nosotros nos basta con
el machete para vencer al enemigo", verdadera premonición de lo que
ocurriría minutos más tarde.

El orden de marcha de los invasores tenía a la extrema vanguardia a un
grupo de exploradores con el teniente coronel José Loreto Cepero,
incorporados el día anterior a la columna por su conocimiento del terreno,
unos centenares de metros detrás venía la vanguardia propiamente dicha con
el Mayor General Antonio Maceo al frente, al centro iban el Generalísimo y
el General Serafín Sánchez Valdivia con el grueso de las tropas y a la
retaguardia con algunas fuerzas armadas y la impedimenta, el brigadier Luis
de Feria, formaban una extensa línea de mambises que avanzaban a Occidente.

De pronto rompió el silencio una descarga cerrada sobre la sección de
exploradores que se había adelantado, seguida de una granizada de balas de
máuseres hispanos. La sorpresiva balacera hizo desplegarse ante el enemigo
a los veteranos de Cepero en vez de cargar al machete en directo como de
había orientado con antelación.

El Lugarteniente, al apreciar con su sagaz golpe de vista la situación que
se creaba, reaccionó con la velocidad del relámpago y de inmediato se
escuchó tonante su voz: ÂíA la carga!, y partió al galope hacia donde se
producía el fuego enemigo seguido de sus ayudantes y escolta. Pero son
detenidos por la amplia zanja que pasaba por el lugar y se ven obligados a
bordearla por unos 250 o 300 metros dándoles el flanco a los tiradores del
rey que por suerte solo les causan algunos rasguños a hombres y bestias. 

Al encontrar un vado pasan a la orilla norte pero aparece una cerca de
alambre, esta serie de obstáculos permitió al enemigo formar sus cuadros, a
la vez el regimiento "Céspedes" acudió en apoyo de Maceo y se echó abajo la
alambrada, el clarín tocó a degüello, el General Antonio con el machete en
alto avanza incontenible en su caballo marrón, y casi sin lograr el máximo
aire de carga por la reducida distancia que quedaba hasta el cuadro español
de la izquierda, la masa de mambises a caballo se precipita como un
torrente sobre el muro de hombres que disparaban con sus mortíferos rifles
de repetición y presentaban sus largas y afiladas bayonetas al osado
atacante.

Varios jinetes cayeron al ser heridos ellos o sus corceles, pero la carga
no se detuvo y al grito de ÂíViva Maceo! superan la barrera de bravos
canarios y peninsulares que rodilla en tierra y de pie los reciben con su
fiereza proverbial. La caballería, indetenible, al abrirse paso cual ariete
comienza a repartir mandobles a diestra y siniestra. Por su parte el
General en Jefe, secundó a su vanguardia, desenvainó su famoso machete de
80 centímetros y señalando al frente exclamó ÂíConmigo, a la carga!
Precipitándose hacia adelante y arrastrando tras de sí al Estado Mayor, su
escolta y al General Serafín Sánchez con varios escuadrones villareños,
ÂíQuien va a estar quieto cuando el Generalísimo pelea!

Estas fuerzas del centro de la columna invasora, se dirigen hacia el
cuadrilátero defensivo de la derecha con su característico desdén a la
muerte, cargan a plena velocidad sobre el valladar de estoicos infantes de
la falange ibérica.

Estos no pueden detener la formidable carga mambisa que como un huracán
rompe su formación y comienza la lucha cuerpo a cuerpo, donde los cubanos
en sus palafrenes eran superiores. El resultado de la contienda no sería
dudoso, los soldados monárquicos ya no pueden disparar, muchos son bisoños
y se desorganizan a pesar del esfuerzo de sus indomables oficiales. Pronto
en el teatro de la lucha hay un tumulto donde unos combaten por la libertad
de la Patria y otros solo por tratar de salvar sus vidas.

El choque fue brutal, los dos cuadros españoles quedaron deshechos en
apenas veinte minutos, decenas de hispanos cayeron en el campo del honor,
otros se dispersaron. Unos 500 jinetes participaron en la fulminante carga
al machete de Mal Tiempo, los cubanos pelearon al arma blanca y fueron
incontrastables en la batalla, baste recordar las palabras de uno de los
actores del drama, que resultó herido de gravedad, Manuel Piedra Martell:
"â


Original Source / Fuente Original:
http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=2173141&Itemid=1


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