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12/13/13 - Granma (Habana) - El tiempo político está a favor de que se elimine el bloqueo

Granma dialogó con Ramón Sánchez-Parodi Montoto, primer jefe de la Sección
de Intereses de Cuba en Washington, entre 1977 y 1989

DALIA GONZÁLEZ DELGADO

Aunque se resiste a hablar sobre sí mis-mo, ha sido protagonista de
momentos históricos. El autor del libro Cuba-USA. Diez tiempos de una
relación, ha estudiado las relaciones entre ambos países no solo desde la
teoría, sino desde su experiencia vital. Ramón Sánchez-Parodi Montoto
participó en las conversaciones confidenciales entre ambos gobiernos en
1975, con vistas a una posible normalización, y luego en el proceso de
negociaciones que dio lugar a la apertura de las Secciones de Intereses en
cada país. Dirigió nuestra Sección de Intereses en Washington entre 1977 y
1989. Además, ocupó el cargo de viceministro de Relaciones Exteriores hasta
1994, y a partir de entonces se desempeñó como embajador en Brasil, hasta
el año 2000.

Desde la dominación o la hostilidad, la relación con Estados Unidos ha
influido en el país que somos. Hoy, cuando soñamos con uno aún mejor, el
gobierno cubano ha reiterado su disposición de avanzar hacia una
normalización de las relaciones bilaterales y establecer un diálogo serio,
constructivo, en condiciones de igualdad y respeto a nuestra soberanía.
Granma conversó con Sánchez-Parodi para que nos contara, desde su visión,
cómo sería una posible normalización de las relaciones, y cuándo hemos
estado más cerca de lograrlo.

-Cuando se abrieron las Secciones de Intereses, ¿en qué momento estaban las
relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

-Desde la ruptura en enero de 1961, siempre hubo algún tipo de comunicación
entre los gobiernos acerca de qué hacer con las relaciones, primero de una
manera informal, y posteriormente formal.

En 1974 Henry Kissinger -secretario de Estado y asesor de Seguridad
Na-cional- le mandó un mensaje a Fidel, aprovechando la visita de un grupo
de norteamericanos que venían a entrevistarlo. La esencia de la carta era
una frase: Cuba y Estados Unidos son países con regímenes político,
económico y social diferentes, discrepan en la mayor parte de los asuntos
fundamentales de carácter internacional, pero eso no es razón para una
hostilidad perpetua. Un reconocimiento de que hay diferencias y eso no
implica que no pueda haber una relación es, como diría El Padrino, una
oferta que no se puede rechazar. El gobierno cubano respondió positivamente
a la posibilidad de comenzar contactos, ya directos, que no habían existido
hasta entonces.

El primer encuentro fue de media hora o 40 minutos, en una cafetería del
aeropuerto de La Guardia en Nueva York, en enero de 1975.

-¿Sobre qué temas se habló en ese primer encuentro?

-Yo fui designado representante de Cu-ba, y Lawrence Eagleburger
-secretario ad-junto personal de Kissinger- por Estados Unidos. Conversamos
sobre asuntos generales, del interés en normalizar las relaciones. Lo más
concreto fue por parte de Estados Unidos el anuncio de algunas medidas,
entre ellas la autorización a subsidiarias norteamericanas en terceros
países, como Argentina y Canadá, para vender a Cuba.

-¿Y eso sucedió?

-Sí. En el caso de Argentina comenzaron a entrar automóviles como los Ford.
En el caso de Canadá concretamente se refería a una serie de empresas que
tenían contratos con Cuba para venderle materiales de oficina. Otra medida
fue eliminar las restricciones de movimiento al personal cubano de Naciones
Unidas, que estaba limitado a un radio de 25 millas.

-¿En esas conversaciones qué pedía Estados Unidos a Cuba?

-Simplemente conversar. Las medidas se tomaron como gesto simbólico, y
además para resolver problemas con los gobiernos de Argentina y Canadá.
Des-pués se dio otra conversación en julio de 1975, en un hotel en Nueva
York. Participaron Eagle-burger y William Ro-gers, subsecretario de Estado
para Asuntos Interamericanos. Por la parte cubana, Néstor García Iturbe
-con-sejero de la misión de Cuba en la ONU- y yo.

En esa reunión se si-guió avanzando. El tema principal fue el hecho de que
Estados Unidos favorecería la aprobación por la OEA de una resolución
eliminando el carácter multilateral de las sanciones contra Cuba. Se decía
que las sanciones contra Cuba de la OEA eran multilaterales, o sea, que
todos los países tenían que acatarlas. A Estados Unidos no le convenía, al
parecer, violar eso y tener conversaciones bilaterales con Cuba, por lo
tanto también era una forma para evitarse un problema. A partir de ese
momento, todos los países tenían el derecho de bilateralmente manejar sus
relaciones con Cuba. Se habló de otros asuntos, pero eso fue lo más
importante.

Quedamos en tener una nueva ronda de conversaciones en agosto. Pero más
adelante el gobierno de Estados Unidos comunicó que no era posible
continuar las negociaciones producto del apoyo de Cuba a la independencia
de Puerto Rico. Usaron ese argumento.

-¿Fue un pretexto?

-Considero que sí, porque posteriormente comenzaron a ligar ese asunto con
la presencia de tropas cubanas en África. Y ahí se paró la cosa. En mi
opinión, el verdadero problema fue la campaña electoral (las elecciones
generales serían en 1976). Había una confrontación dentro del Partido
Republicano entre Ronald Rea-gan y Ford, y este no quería darle municiones
para que lo atacara. La decisión entonces fue no seguir conversando con
Cuba.  Pero después, casi al final de la campaña al año siguiente, los dos
candidatos a presidente: Ford y James Carter, nos hicieron llegar mensajes
donde expresaban que si ganaban las elecciones, reanudarían las
conversaciones. En el caso de Carter, decía que no quería que esas
conversaciones fueran confidenciales, sino públicas. Con su victoria vino
su directiva presidencial sobre el proceso de normalización de las
relaciones con Cuba, y eso incluía la apertura de las secciones de
intereses.

-¿En el momento en que se abrieron las Secciones de Intereses, se pensaba
que el diálogo avanzaría más, que se convertirían en embajadas?

-Sí. Tanto por parte de ellos como nuestra. Pero las circunstancias fueron
siempre muy complejas y había muchos intereses contrarios.

El propio Reagan estuvo activo en promover acuerdos con Cuba, como los
acuerdos migratorios del año 1984, que antes habían sido interrumpidos. Él
no solo los promovió, sino que cuando se llegó a un memorando de
entendimiento quien hizo el anuncio fue la Casa Blanca, no el Departamento
de Estado, lo que le dio una jerarquía que no habían tenido antes. Eso
demuestra que siempre ha habido un interés por su parte; incluso la
instrucción presidencial de Carter de marzo de 1977 dice claramente 'para
normalizar las relaciones con Cuba'.

-¿Por qué no se llegó entonces a la normalización?

-Entre otras cosas había contradicciones en el interior del gobierno de
Carter, que se expresaron en política exterior. No solo con relación a Cuba
sino a Irán y la Unión Soviética. Al mismo tiempo, estaba el tema de
África, donde teníamos intereses encontrados, y los procesos de
insurrección armada en América Latina, especialmente en Nicaragua.

-¿El momento en que más cerca estuvimos de normalizar las relaciones fue
con Carter?

-Claro, porque él fue quien tomó la decisión de normalizar las relaciones.

-¿No se ha vivido ningún momento similar después?

-No creo. Se pensó que con Barack Obama, pero él realmente desde que tuvo
asegurada la nominación como candidato demócrata en el 2008 empezó a girar
hacia el centro, a acercarse a posiciones conservadoras.

Obama nunca ha estado, en ningún sentido, en un camino de búsqueda de una
normalización de relaciones. Su política es una versión light de la misma
política de George W. Bush (hijo). No ha cambiado. Eso se liga con otras
complicaciones que tiene Estados Unidos y que influyen especialmente en su
política hacia América Latina. A estas alturas, las bases de la política
norteamericana, los instrumentos de esa política en la región, reflejados
en la idea del sistema interamericano, han volado en pedazos. Tienen que
repensar cuál va a ser la política hacia Latinoamérica.

-Durante los años en los que usted estuvo al frente de la Sección de
Intereses, ¿cuáles fueron los momentos más tensos de las relaciones?

-Desde el punto de vista de la hostilidad, los momentos más tensos
indudablemente se produjeron a inicios del gobierno de Reagan. Entre otras
cosas, por-que él tenía un proyecto para echar para atrás el proceso de
normalización, como parte de su diseño de política exterior y todo lo que
siguió como expresión de las ideas de la nueva derecha. Particularmente por
una posición muy clara de Alexander Haig (secretario de Estado) de promover
incluso un ataque militar contra Cuba; se lo propuso a Reagan.

-¿El ataque militar siempre se ha mantenido como una opción?

-Sí. La política de Estados Unidos hacia Cuba es una política de Estado.
Reagan actuó con más sensatez y rechazó esa propuesta de Haig. Yo diría que
ese fue el momento de más tensión. Fidel me ha comentado que quizás una de
las cosas que nos salvó de una confrontación militar fue el atentado que le
hicieron a Reagan.  Hubo momentos de tensión también cuando los sucesos del
Mariel, pero eso era más bien tensión política, y nosotros teníamos una
capacidad de acción.

-Usted ha insistido en más de una ocasión en que la de Estados Unidos
ha-cia Cuba es una política de Estado. ¿Entonces discrepa con quienes
afirman que la política hacia Cuba está dirigida por el lobby
cubanoamericano de Florida?

-Eso no tiene nada que ver. Le hemos hecho mucha propaganda. Pero eso está
en contra de toda lógica y de la realidad. En primer lugar, el término
cubanoamericano, es de las cosas que nosotros hacemos al usar los términos
de Estados Unidos y los asumimos como verdades absolutas. Ese es un término
del censo, que habla de grupos sociales, el cubano-americano es el que dice
en su planilla del censo que es cubanoamericano. Pero qué tienen que ver
Ted Cruz o Marco Rubio con Cuba.

Ahora bien, aun aceptando el término, ¿qué peso tienen en las elecciones?
En los condados de Florida donde hay cubanoamericanos siempre han ganado
los demócratas desde 1992, y casi siempre desde 1960 hasta la fecha.

-Hay algunos poderosos como Ileana Ros-Lehtinen...

-¿Pero ella qué hizo contra Cuba durante el tiempo que dirigió la Comisión
de Relaciones Exteriores de la Cámara? Cero.

Cuando los cubanos que controlaban la sociedad cubana, la política cubana,
la economía, los negocios, todo en Cuba, estaban aquí, lo único que podían
hacer era lo que les decían los yankis. Y ahora que no tienen nada en Cuba,
y lo saben, qué hacen. Nosotros caemos muchas veces en la trampa de tomar
como verdades los argumentos de Estados Unidos y sus explicaciones, cuando
son falsas. Eso no quiere decir que el tema de la emigración cubana no sea
importante para nosotros, y tenemos que resolverlo en función de nuestros
intereses.  Cuando venía el Scarabeo (la plataforma petrolera), Ileana
Ros-Lehtinen, Mario y Lincoln Díaz-Balart le mandaron una carta pública a
Obama, argumentando que eso iba contra el bloqueo y los intereses
norteamericanos, y conminaron al presidente a hacer algo. Obama no les hizo
caso. Ellos no tienen fuerza, los usan.

-Para mantener la política de Estado...

-Y la política de Estado está clara. La proclamación presidencial
estableciendo el bloqueo, la Ley Helms-Burton, la decisión de poner todo
eso en el código federal, la OFAC (Oficina de Control de Activos
Extranjeros) y las acciones contra Cuba, eso es política de Estado. Para
cam-biarla tendría que haber una voluntad de los gobiernos y las
instituciones, y les hace falta.

-¿Por qué les hace falta cambiarla?

-¿Cómo Estados Unidos va a resolver su política hacia América Latina sin
re-solver sus relaciones con Cuba? Nosotros tenemos relaciones plenas con
to-dos los países de América Latina y el Caribe, y hasta con Estados Unidos
tenemos vínculos diplomáticos. Y fue la región donde Estados Unidos más
avanzó en su política de aislamiento. Estos países no van a cambiar su
política hacia Cuba. Ya dijeron que no habrá Cumbre de las Amé-ricas (que
será en Panamá en el 2015) si Cuba no participa. ¿Qué hará Estados Unidos?

-¿Usted ve cerca el momento de normalización de las relaciones?

-Eso no existe así, y el levantamiento del bloqueo no es un decreto, es un
proceso que puede llevar muchos años. Hay cosas que se hacen; por ejemplo
la discusión ahora del tema del correo postal.

"Pero aun cuando se diga, se eliminó el bloqueo, en el mundo las relaciones
están reguladas por la serie de acuerdos bilaterales o multilaterales, que
habría que negociar entre Cuba y Estados Unidos. Por ejemplo,
comunicaciones aéreas; qué pasa con Radio Martí; cómo será el tratamiento
de los visados; los aranceles consulares; todo eso hay que negociarlo, y
todo eso lleva largo rato, con los intereses nuestros y los de ellos.

Por supuesto, el día que Estados Unidos diga, eliminadas la Ley Torricelli,
la Helms-Burton, dejo sin efecto la proclamación presidencial de Kennedy,
ya eso tiene un impacto muy grande, inmenso.

Yo creo que con Obama no va a pasar, quizás suceda en los próximos mandatos
presidenciales, sean republicanos o demócratas, porque es otro error
nuestro pensar que es con los demócratas. Las conversaciones directas
comenzaron con Nixon, y con Kissinger nada menos.  Creo que las condiciones
están maduras, porque no aguantan más.

-Entonces aunque no suceda con Obama, ¿usted cree que después se avance
hacia un acercamiento?

-De hecho se está avanzando algo. Y el tiempo político está a favor de que
se elimine el bloqueo. Estados Unidos tiene una situación de crisis y como
te decía, en Latinoamérica tiene que rediseñar su política, que no debe ser
sobre la base del sistema interamericano. Además, 188 países votando para
que se elimine el bloqueo, es un aislamiento total.

El objetivo de la política de Estados Unidos hacia Cuba es restaurar su
dominación, y no se conforman con menos que eso.

Yo sí pienso que, si no en el próximo gobierno, quizás en el siguiente,
debe haber una decisión sustancial hacia la normalización de las relaciones
con Cuba. Lo más fácil, y lo que más obliga a cambiar, es que Estados
Unidos diga que se elimina toda prohibición para que ciudadanos
estadounidenses viajen a Cuba, eso obliga a transformar cosas del bloqueo.

-Estados Unidos y Cuba nunca han tenido una relación del todo normal. Hubo
un largo periodo de dependencia, y luego una relación hostil o no relación.
¿Cómo sería entonces una relación normal?

-No es normal, lo que es una relación normal. Sería una relación
beneficiosa para ambos países, pero tiene que estar exenta de todo intento
de dominación; como la tenemos nosotros con montones de países y eso no
significa que no pueda haber conflictos eventuales. Nuestro sistema
político y económico no es obstáculo para tener relaciones normales con
cualquiera.

-¿Y cree que en algún momento ellos renuncien a su intención de dominación?

-Si no renuncian a eso no habrá relación normal. Se les ha demostrado
durante más de medio siglo que cualquier intento para restaurar esa
dominación ha fracasado.


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