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12/12/13 - Granma (Habana) -  Memoria para el futuro

PEDRO DE LA HOZ

El hombre que sonríe al fondo de la imagen tuvo alguna vez la edad del niño
en primer plano, pero entonces nunca pudo sonreír.

Le dijeron que era nadie, apenas un número entre millones nacidos en esa
tierra. Todo por el color de la piel y la herencia de sus ancestros.

Hasta hoy se repite una cronología engañosa, que sitúa el origen del
apartheid en 1952, cuando se hizo ley lo que desde mucho tiempo atrás se
practicaba.

No hay que olvidar cómo la adopción de la Ley Sudafricana (South Africa
Act) en 1909 y la proclamación de la Unión en 1910 establecieron como
política de estado la baaskap, supremacía blanca, y la superioridad de la
broedebond, sociedad de los afrikaaners, que marcaron tempranamente el
camino hacia la discriminación y la explotación de la población originaria.

De modo que cuando nació Mandela su país ya no le pertenecía.

Lo que vino después fue el colmo del horror. Leyes espurias consagraron un
régimen racista: confinamiento de negros en las peores áreas de residencia,
zonas segregadas en playas, hospitales, autobuses, escuelas y lugares
públicos. A los negros les estaba prohibido quedarse en algunas ciudades e
incluso entrar en ellas sin un debido permiso.

Mandela no se rindió y luchó por transformar ese estado de cosas. Al frente
del Congreso Nacional Africano (donde hubo blancos, indios y mestizos, y
convergieron militantes del Partido Comunista), de su brazo armado, y con
el concurso de otras fuerzas progresistas internas y de la comunidad
internacional, le dio vuelta a una historia infame.

El niño de la fotografía repasará algún día, si no lo ha hecho ya, las
palabras que pronunció el hombre al fondo de la imagen ante sus represores
el 7 de noviembre de 1962:

Odio la arrogancia racial que decreta que las cosas buenas de la vida deben
seguir siendo derecho exclusivo de una minoría de la población y que reduce
a la mayoría de la población a una condición de servilismo e inferioridad,
y la mantiene como rebaño desprovisto que trabaja donde le mandan y se
comportan como le dice que debe hacerlo la minoría gobernante.  Me siento
apoyado en ese odio por el hecho de que la inmensa mayoría de la humanidad
tanto en este país como en el exterior comparte mi manera de pensar. Nada
de lo que pueda hacer este tribunal cambiará en modo alguno en mi ese odio,
que solo podrá eliminarse cuando se eliminen la injusticia y la inhumanidad
que he procurado eliminar de la vida política y social de este país...

Quien se convirtió en el ícono de las batallas contra el régimen del
apartheid, fue ignorado y descalificado largo tiempo por políticos y medios
de comunicación en naciones que hoy lo reverencian.

Las administraciones norteamericanas por décadas admitieron y sobrellevaron
al régimen del apartheid -el historial racista y discriminador de Estados
Unidos es harto conocido- y solo cuando la debacle del sistema era
inminente, luego de la derrota del ejército sudafricano por las tropas
cubanas y angolanas en Cuito Cuanavale, aceptaron la evidencia de la
necesidad de pronunciarse por el desmantelamiento del oprobio.

La Gran Bretaña de los tiempos de la Thatcher tildó de terrorista a
Mandela, por su liderazgo y la defensa de la línea de la lucha armada como
vía para la emancipación de los suyos. Es sabido que mientras se organizaba
el concierto por la libertad de Mandela que tuvo lugar en el estadio de
Wembley en 1988, las televisoras comprometidas con su difusión pidieron a
los organizadores que no hubiera manifestaciones políticas en la velada,
que todo se redujera a la exposición de un "caso humanitario", interdicción
valientemente violada por Harry Belafonte al dirigirse al auditorio.

Esa visión aséptica y reduccionista del legado de Mandela no deja de tener
expresiones recurrentes en el discurso mediático hegemónico de occidente,
incluso hoy que el mundo lo despide. Habrá que recordar la incombustible
vocación de Mandela por articular justicia y libertad, resumida en las
siguientes palabras:

La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; la paz es la creación de
un en-torno en el que todos podamos prosperar, independientemente de raza,
color, credo, religión, sexo, clase, casta o cualquier otra característica
social que nos distinga. (... ) ¿Por qué dejar que se conviertan en causa
de división y de violencia? Estaríamos degradando nuestra humanidad común,
si permitimos que eso ocurra.

El niño de la fotografía es depositario de esa herencia. La memoria es uno
de los imprescindibles fundamentos para la construcción del futuro.


Original Source / Fuente Original:
http://www.granma.cubaweb.cu/2013/12/12/interna/artic02.html


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