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12/08/13 - Juventud Rebelde (Habana) - ¿Cuestión de gusto?

Aracelys Bedevia o digital@juventudrebelde.cu 7 de Diciembre del 2013
20:41:37 CDT

La estética popular, decía Bourdieu, es regida por la escasez de recursos
económicos y por la necesidad de adquirir cosas prácticas y funcionales. La
afirmación explica de cierta manera una realidad constatada, incluso, en un
estudio realizado por el Centro Cultural Juan Marinello: en materia de
consumo cultural las artes plásticas ocupan uno de los últimos lugares en
la preferencia de los jóvenes.

Sin embargo, el asunto va más allá de una cuestión monetaria para
instaurarse en el ámbito de las percepciones. La mayoría de las personas,
sobre todo las más jóvenes, prefiere irse a bailar, disfrutar de una buena
música o ver televisión antes que asistir a un museo o galería de arte.
Cuestión de gustos, dirán muchos. Pero ese gusto que marca cada elección
que hacemos en la vida cotidiana, se forma desde la más temprana edad,
tanto en el seno familiar como en la escuela.

La percepción del arte debe comenzar por la educación primaria y continuar
en todos los niveles de enseñanza. Es cierto que en la asignatura Educación
Artística, que se transmite por el Canal Educativo, las artes plásticas
ocupan un lugar importante; pero los profesores que están en las aulas para
complementar lo que el alumno recibe por televisión no siempre tienen una
adecuada preparación.

Pueden y deben los maestros contribuir a formar un público para esta
manifestación, pues ello redundará en beneficio del desarrollo intelectual
y espiritual de cada sujeto. Una eficaz forma de promover el conocimiento
es fortalecer los vínculos entre las escuelas y las galerías. Tamaña tarea
no debe dejarse solo en las manos de los educadores. Las instituciones
culturales, los medios de comunicación y los artistas deben jugar un papel
preponderante.

Faltan programas de televisión que estimulen el interés hacia esta
manifestación y, al mismo tiempo, eleven la percepción estética del
público. Falta también -y si existe no funciona- una estrategia que
articule cada una de las partes que intervienen en esa formación del gusto
estético.

Para que una persona entre a una galería tiene que sentirse motivada hacia
la producción simbólica que va a ver y tener un entendimiento del arte.
Duele que un creador dedique más de un año a preparar una muestra que
disfrutarán unos pocos, aun cuando esté expuesta  varias semanas.

Desde el Consejo Nacional de las Artes Plásticas se están potenciando
proyectos de creación que ponderan la relación con la comunidad. Los
liderados por artistas apuntan a un contacto directo con el pueblo. Sin
embargo, estas acciones no son sistemáticas.

A diario se inauguran exposiciones y una gran parte de la población ni
siquiera se entera. Sin mencionar que la posibilidad de seguirle el pulso
al arte contemporáneo se ve reducida ante el cierre de galerías y la
suspensión de eventos que daban espacio al arte joven.

¿Cómo aspirar a que exista un público consumidor de artes plásticas
contemporáneas si, más allá de las buenas intenciones, los mecanismos de
educación y promoción continúan fallando?

No se incentiva en cubanos y cubanas la necesidad de disfrutar de las artes
plásticas. Menos aún de tener una obra en casa. La causa de que algunos de
los que pueden comprar la obra de arte inviertan su dinero, por ejemplo, en
un tapete bonito sin  valor artístico está anclada, sobre todo, en una
pobrísima educación del gusto.

Se sabe, por otra parte, que no existe un coleccionismo nacional, aun
cuando se está estimulando el institucional, y eso pone en juego el futuro
del patrimonio cultural de la nación, porque la mayoría de los compradores
proceden del extranjero.

La cuestión no está en decir a quién vender o no - porque de pan también
vive el hombre-, sino en enamorar al público con esta manera de crear. La
Bienal de La Habana ha demostrado que sí se puede. Cientos de personas que
nunca habían entrado a una galería lo hicieron por vez primera durante las
bienales que se han celebrado en el país.

El público se resiste a consumir arte contemporáneo, fundamentalmente, por
falta de acercamiento. Orientarlo en materia de plástica, incentivarlo para
que asista a exposiciones e incluso para que tenga en su hogar la
reproducción de una pieza de alto valor artístico es también una manera de
fomentar el desarrollo de una sociedad más culta, bella, próspera y feliz.
Pero es más fácil criticar que educar.


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